Plantilla Mividaenxto

Una sana desconfianza de uno mismo (y fuerte confianza en Dios)

Por Kenneth Pierce

Plantilla Mividaenxto

 

Obtener el conocimiento que nos propone San Pedro en su escalera espiritual (2Pe 1,5) es un gran paso en nuestro camino hacia la santidad. Se trata, como hemos visto en anteriores reflexiones, de una apertura a la gracia para procurar iluminar nuestra vida cotidiana según las verdades de la fe.

Esto implica, entre otras disposiciones, tener una sana desconfianza de uno mismo. Parecería, en principio, algo absurdo. ¿Por qué desconfiar de uno mismo? La palabra “sana” que acompaña a “desconfianza” señala un matiz muy importante. No se trata de una duda constante en relación a lo que pensamos o hacemos, sino más bien una toma de conciencia de nuestras limitaciones y fragilidades que nos ayuda a cumplir mejor el Plan de Dios.

¿Cuántas veces hemos creído tener razón, para luego descubrir que estábamos equivocados? A veces por eso nos cerramos a las opiniones de otros y, en ciertos casos, incluso a la verdad misma. La vida cristiana nos lleva a una vivencia muy intensa de la humildad, que implica apertura a la verdad. Una de estas verdades es, precisamente, que somos limitados y por tanto nos podemos equivocar. Más aún cuando se trata de cumplir el Plan de Dios, donde no siempre vemos todo con claridad.

Por un lado no podemos hacer todo lo que quisiéramos, y por otro, no siempre sabemos considerar todos los factores y tomar la decisión más adecuada. No se trata de ingresar a una eterna espiral de duda, sino aprender a mirar la realidad con la mayor objetividad posible, para lo cual la humildad y la serenidad son imprescindibles.

Por eso, junto a la sana desconfianza de uno mismo, debemos tener una fuerte confianza en Dios. En El hallamos la fortaleza y la iluminación para discernir aquello que nos lleve a un mayor cumplimiento de su Plan. La confianza en Dios nos libra de una insana desconfianza de nosotros, nos llena de valor y nos da fuerza para responderle con generosidad, incluso en tiempos difíciles. Una sana desconfianza de uno mismo, y una absoluta confianza en Dios, nos ayudan a tener ese conocimiento práctico que San Pedro nos propone para seguir avanzando por la escalera espiritual.

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