Alexamenos

Una gran historia de los primeros tiempos del cristianismo

Por Kenneth Pierce

Pocas personas saben que una de las representaciones más antiguas que conocemos de la crucifixión de Cristo no es una hermosa imagen del Señor, ni siquiera un intento piadoso de los primeros cristianos por recordar a Jesús en su Pasión. Es, por el contrario, una burla: un crucificado con cabeza de asno. Se encuentra en Roma, y fue dibujada por algún desconocido para burlarse de Alexámenos –un joven cristiano– por su fe en Cristo. Debajo del dibujo aún se puede leer la siguiente inscripción en griego: “Alexámenos adorando a su Dios”.

Como sabemos, los primeros siglos del cristianismo serían una época de muchísimas persecuciones y ataques a los cristianos. Incluso antes de las grandes persecuciones fieles como Alexámenos debían sufrir la oposición y los ataques de conocidos y desconocidos. Entre otras muchas lecciones que podemos extraer de esos tiempos se encuentra la siguiente: al cristiano nunca le faltarán tribulaciones. Estas, como decíamos la semana pasada, pueden ser interiores o exteriores, pero ciertamente aparecerán en muchos momentos de nuestra vida.

Quien sigue a Cristo sabe que tarde o temprano, de un modo u otro, sobrevienen las tribulaciones. Es quizás humanamente comprensible querer que nuestra vida transcurra por las aguas tranquilas de un mar calmo. Las vidas de los grandes santos, sin embargo, nos enseñan que los obstáculos son parte de nuestro peregrinar terreno y que es iluso un cristianismo sin cruz.

El cristiano debe acoger la gracia de Dios para crecer en esta gran virtud de la esperanza. Esto precisamente nos pedía San Pedro en su escalera espiritual: una paciencia nutrida de esperanza. No es la actitud de quien se encoge sobre sí mismo para aguantar los golpes de la vida. La “hypomone”, la esperanza que nos pide el Apóstol, mira siempre al Señor, confiando en su amor y en sus promesas, que nunca –nunca– fallan. Es por eso una esperanza activa, no resignada sino tenaz, firmemente anclada en la fe.

La historia de Alexámenos no se queda en la burla. A pocos metros, en otra pared, fue grabada otra inscripción: “Alexámenos es fiel”. Quizás la escribió el mismo Alexámenos o alguien que lo conocía. Eso no lo podemos saber. Lo que sí podemos saber es que con toda seguridad, en medio de las dificultades, Alexámenos enfrentó la situación con fe firme y una tenaz esperanza. Es decir, con “hypomoné”.

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