prudentes

¿Son egoístas las vírgenes prudentes?

Por Ignacio Blanco

Evangelio según san Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el Reino de los Cielos a diez muchachas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al novio.  Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes llevaron consigo frascos de aceite con las lámparas. El novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A media noche se oyó una voz: “¡Ya viene el novio, salgan a recibirlo!”. Entonces se despertaron todas aquellas muchachas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando”. Pero las prudentes contestaron: “No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras, mejor es que vayan a la tienda y lo compren”. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y sé cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras muchachas, diciendo: “Señor, Señor, ábrenos”. Pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Por tanto, estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora».

En el evangelio de San Mateo, la parábola que escuchamos de boca de Jesús este Domingo está inserta en una serie de mensajes del Señor sobre el fin de los tiempos. Por decirlo de alguna manera, se nos sugiere leer esta parábola desde esa clave. Las vírgenes prudentes y las vírgenes necias —o muchachas como dice el texto que escucharemos— son ejemplos de aquello que debemos hacer y de aquello que no debemos hacer si queremos estar preparados. ¿Preparados para qué? Justamente para la venida de Jesús, para ese momento en el que la vida como la conocemos cambiará definitivamente.

Ahora bien, ese cambio puede darse también de forma individual en el momento de la muerte. Por tanto, el mensaje de la parábola aplicado a nuestra vida aquí y ahora nos pone de cara a la realidad de la muerte, de nuestra muerte. Es algo que todos vamos a vivir en algún momento. Y como Jesús nos dice en muchos pasajes del Evangelio, no sabemos ni el día ni la hora en el que ese momento llegará. Ser prudente o ser necio, pues, se presenta como algo determinante para nuestro futuro.

¿En qué consiste la prudencia o la negligencia de estas muchachas? El asunto se centra en que unas fueron capaces de prever que el esposo se podía demorar en llegar mientras que las otras no. La previsión llevó a unas a proveerse del aceite necesario, en caso de que el esposo dilatara su llegada, de modo que cuando eso efectivamente sucedió pudieron solucionar la falta de aceite. Las otras, en cambio, se quedaron sin aceite y mientras iban a comprarlo llegó el esposo. Lo que distingue a unas de otras es, pues, por un lado la capacidad de prever una situación posible —conociendo además la forma como funcionaban los matrimonios judíos— y por otro el haber tomado efectivamente medidas al respecto. Unas actuaron las otras no.

Lo que está detrás de estas acciones se expresa muy bien con la palabra con la que el Evangelio describe a las vírgenes que sí se prepararon: prudentes. Es una palabra cargada de significado en el texto original del evangelio. Nos habla de sensatez, de cordura, de buen juicio, de sabiduría práctica. Eso es lo que ejercitaron estas mujeres ejemplarmente. Y no sólo antes de la situación sino incluso durante el hecho narrado. Cuando las otras vírgenes les dicen “dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se está apagando” les responden que no. ¿Son egoístas con su respuesta? Podría parecer que sí. Pero si nos fijamos bien, están haciendo uso de la misma sabiduría práctica que las llevo a prever una tardanza y aprovisionarse de aceite suficiente. Las vírgenes prudentes evalúan la situación: si les damos de nuestro aceite no va a alcanzar para las dos. Ellas tienen una tarea que cumplir como parte del ritual del desposorio judío: recibir al esposo cuando éste llegue. Su evaluación no desconoce esa realidad: esa es su tarea. Por tanto, la negativa ante el pedido de las otras no obedece al egoísmo sino a la justicia y la responsabilidad.

Si supiésemos con seguridad un día que vamos a morir, ¿qué haríamos? Es una buena pregunta que nos ayuda a evaluar nuestra vida de cara a la eternidad. La prudencia que nos enseñan las vírgenes nos ayuda justamente a tener una mirada de nuestra vida acorde a nuestro destino final; a ajustar nuestras acciones para que llegado el momento el Señor nos encuentre preparados. «Prepararon sus lámparas, esto es, la cuenta de sus obras» decía San Agustín. Sigamos el consejo y procuremos vivir cristianamente, ajustando siempre nuestras obras al Evangelio.

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