corazón de Jesús

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, en este momento de oración quiero ponerme en tu presencia. Sé que me conoces profundamente y me entiendes, por eso puedo acercarme a Ti con total confianza. Ayúdame a hacer silencio en mi interior para escuchar tu voz y seguir tus enseñanzas.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día

Señor, muchas veces las ocupaciones que tengo en mi vida me distraen de lo más importante que eres Tú. Y algunas veces también siento que mis pecados son como una carga pesada que tengo que llevar. Perdóname, Señor, y ayúdame a confiar más en Ti. Sé que si sigo tus pasos, todo se hace llevadero, sé que tu amor y tu misericordia hacen mi cruz más ligera.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: “Aprendan de Mí, porque soy paciente y humilde de corazón” Mt 11,25-30

Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a Mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de Mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Lectura espiritual breve

Lee el siguiente texto que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hoy celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Ese corazón que es manso y humilde, como hemos escuchado en el Evangelio. Es el corazón humano y divino de Jesús, que hoy veneramos con amor.

Y decimos que es un corazón humano, porque Cristo sufrió, se sintió solo, abandonado, traicionado. Jesús lloró cuando supo que su amigo Lázaro había muerto, se molestó cuando vio que habían convertido el Templo, que era la casa de su Padre, en un mercado. Cuando en el monte de los Olivos sintió tristeza hasta la muerte y padeció una angustia terrible, que hasta lo hizo sudar sangre. Un corazón humano de Jesús que también se gozaba, se alegraba con sus apóstoles cuando regresaban después de haber predicado, que se enternecía cuando veía a los niños que se acercaban, un corazón humano que amaba profundamente a su madre.

Y al mismo tiempo era también un corazón divino, que amó hasta el extremo, que dio la vida por sus amigos, que siendo inocente, se sacrificó por los culpables, y murió colgado en una cruz. Que se apiadó siempre del pecador, perdonando todas las veces, aunque a los ojos humanos no se lo merecía.

Pidámosle a Jesús que nos ayude a tener un corazón como el suyo, que es manso y humilde y ahí encontraremos descanso. Porque cuando somos egoístas, rencorosos, codiciosos, envidiosos, nuestro corazón no encuentra la paz. Sólo si tenemos un corazón como el de Jesús, nuestro interior encuentra la paz.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias buen Jesús porque me acompañas siempre en mi caminar, gracias por tu presencia de amigo en esta oración. Ayúdame a tener un corazón humilde como el tuyo, a ser manso y a saber poner en Ti mi confianza y seguridad.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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