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Agape: “¿Qué distingue al cristiano?”

Por Kenneth Pierce

Hace muchos siglos, en los inicios de la Iglesia, uno de los primeros autores cristianos intentaba explicar qué cosa distinguía al cristiano. En este texto, escrito hacia el siglo II y conocido como la Carta a Diogneto, se explicaba que los «cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular».

Añadía que los cristianos «se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadania es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen».

¿Qué distingue, entonces, al cristiano? Lo había ya señalado el Señor Jesús. La caridad es la cualidad que distingue al cristiano ante el mundo: «En esto conocerán que sois mis discípulos: si tenéis caridad unos con otros» (Jn 13,35).

Todos los seres humanos son hijos de Dios. En Cristo somos todos hermanos. Él vino a redimir y a reconciliar a todos. Somos todos hijos de un mismo Padre y participamos de la misma naturaleza humana, creados a “imagen y semejanza” de Dios. De esta fundamental fraternidad humana brota la regla de oro que mueve a la caridad universal: «Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente» (Lc 6,31).

La parábola del Buen Samaritano, modelo para la caridad cristiana, nos ilumina sobre aquello que debemos vivir para que se manifieste nuestro cristianismo. Así lo planteaba el Papa Benedicto XVI: «La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agape supera los confines de la Iglesia; la parábola del Buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado “casualmente”, quienquiera que sea» (Deus Caritas est).

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