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Oración del viernes: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí»

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Jesús, Tú me conoces y Tú sabes lo que hay en mi corazón. Te pido que me ayudes a ser tierra fértil ante tu palabra, para que escuchándola y dejando que me interpele, pueda hacerla vida en mí.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, tengo hambre de Ti, pero a veces cedo ante las ofertas del mundo, de mi hombre viejo, del Maligno, que, en vez de satisfacerme, me dejan vacío. Te pido perdón con corazón sincero. Nútreme con el alimento de tu Cuerpo y fortaléceme en mi combate, que por mis propias fuerzas no puedo.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» San Juan 14,1-6

«No se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino.» Entonces Tomás le dijo: «Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Jesús contestó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Lectura espiritual breve

Meditemos el comentario del Padre Juan José Paniagua:

Jesús, en la última Cena reunido con sus amigos, pronuncia uno de sus últimos discursos, porque ya no estará más como estuvo con ellos en los 3 años de su vida pública. Por eso hoy Jesús les quiere dar palabras de consuelo: “No se turbe vuestro corazón”. No se inquieten, ya no me verán de la misma manera que antes, porque he partido a prepararles una morada, tengo un lugar con el nombre de cada uno de ustedes, preparado para ustedes desde siempre. Y esa es la primera esperanza que el Señor quiere comunicar: hemos sido creados para la salvación, no para la condenación. Esa es nuestra esperanza. Y el camino para gozar de esa dicha plena, sólo es uno. Pueden haber muchos caminos buenos que nos pueden conseguir cosas buenas, pero para la vida auténtica sólo existe uno: Jesús. La amistad con Él, la unión profunda con Él es lo que nos lleva al gozo que tanto anhelamos. Y Jesús no es un camino lejano, ni fuera del alcance. Es más bien un camino accesible, que ha venido y se ha acercado a nosotros. Nos dice San Agustín: «El Señor no te dice: “Esfuérzate en encontrar el camino para llegar a Dios”. No, lo que te dice es: “¡Levántate perezoso! El camino en persona vino a ti y te despertó del sueño. ¡Levántate pues y camina!”».

Breve meditación personal

– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)

1.- ¿Hay otros caminos a los que les tengo más confianza, que prefiero elegir en vez de los caminos de Jesús?

2.- El Camino ha venido a ti. ¿Ves en tu vida a Cristo cercano? ¿O lo palpas aún como un camino lejano? ¿Qué hacer para acercarte más a Jesús?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor por salir a mi encuentro. Gracias por ser el Camino que me lleva al encuentro del Padre, gracias por ser la Verdad que me revela el misterio del hombre y del mundo, gracias por ser la auténtica Vida que le da sentido a mi existencia. Te pido que me ayudes a seguirte con alegría y fervor anunciándole a los demás que sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Amén

– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

 – Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

–  Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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