Oración del viernes: “Si quieres, puedes limpiarme”

Oración del viernes

“Si quieres, puedes limpiarme”

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido que me acompañes en este momento de oración. Envía al Espíritu Santo para que me ilumine y pueda aprender a discernir tu Plan de amor, y para que me dé la fortaleza que me permita seguirlo día a día.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Soy consciente, Señor, de cuánto necesito que Tú me purifiques. Vuelvo a Ti con humildad y confianza en tu perdón y en tu amor. Ayúdame, Señor mío, a vivir siempre contigo y a responderte con generosidad.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: “Si quieres, puedes limpiarme” (San Mateo 8,1-4)

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero, queda limpio”. Y en seguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.”

Lectura espiritual breve

El Papa Benedicto XVI te ayuda a meditar en el texto evangélico:

«El evangelio nos muestra a Jesús en contacto con la forma de enfermedad considerada en aquel tiempo como la más grave, tanto que volvía a la persona “impura” y la excluía de las relaciones sociales: hablamos de la lepra (…) Mientras Jesús estaba predicando por las aldeas de Galilea, un leproso se le acercó y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús no evita el contacto con este hombre; más aún, impulsado por una íntima participación en su condición, extiende su mano y lo toca —superando la prohibición legal—, y le dice: “Quiero, queda limpio”. En ese gesto y en esas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, está encarnada la voluntad de Dios de curarnos, de purificarnos del mal que nos desfigura y arruina nuestras relaciones. En aquel contacto entre la mano de Jesús y el leproso queda derribada toda barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo sagrado y su opuesto, no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier mal, incluso más que el más contagioso y horrible. Jesús tomó sobre sí nuestras enfermedades, se convirtió en “leproso” para que nosotros fuéramos purificados».

 

Breve meditación personal

– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Al constatar el amor inmenso que tienes por cada uno de nosotros, Señor, ¡cómo no experimentar gratitud y maravilla! Como al leproso, Tú me has sanado de todas mis heridas; Tú eres la fuente de mi salvación y reconciliación. Te pido la fe y la fortaleza para permanecer contigo y el ardor para ir a proclamar a todo el mundo que eres el único Salvador.

Amén

– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

– Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

– Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Amor Misericordioso,
bien sabes que tu Hijo,
desde lo alto de la Cruz,
señaló el camino de la piadosa filiación
como aquel que deberíamos recorrer.
Te imploro me obtengas la gracia
de acercarme a tu Inmaculado Corazón,
desde mi propio corazón,
para aprender a amarte
y a honrarte
con el amor
que el Señor Jesús te tiene.
Cuida que este hijo tuyo
ingrese así
en el proceso de amorización
y vea algún día cumplida
la gran esperanza
de verse conformado
con el Salvador.

Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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