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Oración del viernes: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”

Oración del viernes

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Buen Jesús, qué alegría poder tener este momento para hacerte parte de mi día. Que siempre pueda recordar lo importante que es darte esos espacios de encuentro y amistad y de escuchar tu Palabra.

Acto penitencial

– Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Jesús, Buen Pastor, como oveja perdida, algunas veces me he alejado de tu rebaño. He consentido caídas o pecados que me alejan de tí. Te pido perdón, y me confío a tu infinita misericordia, para que me cargues sobre tus hombros, y me lleves, como siempre lo haces, hacia el redil, hacia la comunión contigo y mis hermanos.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día:“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (San Juan 6,52-59)

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.” 
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Lectura Espiritual breve

Lee este texto de San Alberto Hurtado que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio.

«Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros debería revolucionar nuestra vida. No tenemos nada que envidiar a los apóstoles y a los discípulos de Jesús que andaban con Él en Judea y en Galilea. Todavía está aquí con nosotros. En cada ciudad, en cada pueblo, en cada uno de nuestros templos; nos visita en nuestras casas, lo lleva el sacerdote sobre su pecho, lo recibimos cada vez que nos acercamos al sacramento del Altar. El Crucificado está aquí y nos espera y nos espera.» (San Alberto Hurtado)

Breve meditación personal

– Haz silencio en tu interior y pregúntate: ¿Qué me dice el evangelio que he leído? ¿Cómo ilumina mi vida? ¿Cómo es Jesús…? ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Él? y ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor, porque eres Tú la respuesta para mi vida, y lo experimento cada vez que con sinceridad, te abro mi corazón. Ayúdame a poder vivir con fidelidad lo que he descubierto en este momento de oración y pueda así permanecer por siempre en Ti.
Amén.

– Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.
-*Esta semana, siguiendo el llamado que hizo el Papa, reza especialmente por las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada. 

– Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...

Consagración a María

–  Termina esta oración rezándole a María.

Madre del Amor Misericordioso,
bien sabes que tu Hijo,
desde lo alto de la Cruz,
señaló el camino de la piadosa filiación
como aquel que deberíamos recorrer.
Te imploro me obtengas la gracia
de acercarme a tu Inmaculado Corazón,
desde mi propio corazón,
para aprender a amarte
y a honrarte
con el amor
que el Señor Jesús te tiene.
Cuida que este hijo tuyo
ingrese así
en el proceso de amorización
y vea algún día cumplida
la gran esperanza
de verse conformado
con el Salvador.
Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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