Oración del sábado: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”

Oración del sábado

“Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Te pido, Señor, que me concedas la luz de tu Espíritu para que me ilumine y acompañe en este momento de oración. Ayúdame a ser humilde y sencillo de corazón para poder entender e interiorizar tu Palabra.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido arrepentido, Amigo bueno, que perdones mis faltas y pecados. Quiero abrir mi mente y corazón a la fuerza transformante de tu gracia que me purifica y transforma interiormente. Me conforta saber que Tú siempre vienes en ayuda de mi debilidad.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (San Lucas 11,27-28).

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: “¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!”. Jesús le respondió: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”.

 Lectura espiritual breve

Profundicemos en la Palabra de Jesús:

«En efecto, si vosotros no sois sus testigos en vuestros ambientes, ¿quién lo hará por vosotros? El cristiano es, en la Iglesia y con la Iglesia, un misionero de Cristo enviado al mundo. Ésta es la misión apremiante de toda comunidad eclesial: recibir de Dios a Cristo resucitado y ofrecerlo al mundo, para que todas las situaciones de desfallecimiento y muerte se transformen, por el Espíritu, en ocasiones de crecimiento y vida. Para eso debemos escuchar más atentamente la Palabra de Cristo y saborear asiduamente el Pan de su presencia en las celebraciones eucarísticas. Esto nos convertirá en testigos y, aún más, en portadores de Jesús resucitado en el mundo, haciéndolo presente en los diversos ámbitos de la sociedad y a cuantos viven y trabajan en ellos, difundiendo esa vida “abundante” que ha ganado con su cruz y resurrección y que sacia las más legítimas aspiraciones del corazón humano» (Benedicto XVI).

 Breve meditación personal

– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Me conmueve, Jesús, cuánto nos amas. Gracias por mostrarme una vez qué grande es el camino de la pequeñez, de la pureza, de la humildad. Ayúdame Señor a ser como tu Madre, escuchando con reverencia y silencio interior tu palabra, poniéndola en práctica con generosidad y amor.

Amén

– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

 – Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

–  Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

María, Madre mía,
alcánzame
desde tu inmaculado
y purísimo Corazón
la gracia de vivir
la pureza y la humildad
que el Señor Jesús
desea para mí.
Que así sea.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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