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Oración del miércoles: “Y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí”


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+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, tengo un gran deseo de tener un diálogo íntimo contigo. Quisiera ponerme en tu presencia y escuchar lo que quieres decirme en este día, acrecentar nuestra amistad y conocerte cada vez más. Aquí me encuentro Señor dispuesto a vivir según tu Palabra.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Sé que mi vida muchas veces no corresponde a mi deseo de seguirte y que he dejado entrar el pecado en mi vida. Te quiero decir que esto me duele enormemente y no quisiera ofenderte ni una vez más. Confió firmemente en tu misericordia que siempre me perdona y me permite empezar de nuevo.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: “Y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.” (Lc 21, 12-19)

Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Lectura espiritual breve

A la luz del Evangelio meditemos en lo que nos dice el Padre Juan José Paniagua:

Este es tiempo de lucha y de combate, donde las pruebas no estarán ausentes. Por eso la lectura de hoy nos habla de persecuciones, pero “gracias a la constancia salvarán sus vidas”, nos dice el Señor. ¿Cómo alimentar nuestra perseverancia? Sobre todo cuando estamos en medio de una carrera tan larga, un camino de largo aliento, que requiere no sólo un chispazo de esfuerzo momentáneo, sino un esfuerzo sostenido, constante, de toda la vida.

Sólo es constante el que está nutrido de una profunda esperanza. Se acaba la esperanza y simplemente se terminó la batalla. Quítale al caminante la esperanza de llegar a su destino, y se acabó la peregrinación. El Señor Jesús es quien nutre nuestra esperanza para poder resistir con paciencia. Porque como dice el Papa Francisco: la esperanza es más que un mero optimismo. No es pensar simplemente que todos los problemas se van a arreglar. Nuestra esperanza es una Persona, es confiar en las promesas de Jesucristo, es creer firmemente que más allá de que los resultados sean afortunados como los esperábamos o dolorosos como no queríamos, Dios está al final del camino. La esperanza pone nuestra mirada en que nos podemos encontrar con Dios y tanto en la alegría como en el dolor, en que podemos ser mejores, y seguir caminando hacia la meta, sostenidos por la fuerza del Señor.

Por tanto la esperanza no es simplemente aguardar que algo suceda, sino es aguardar a una Persona. El que pierde la esperanza, es el que ha perdido de su horizonte al Señor Jesús. Nuestra perseverancia, nuestra lucha, no proviene de un mero acto humano de valentía y coraje, sino que tiene su origen en la fe y se sustenta en la esperanza en Cristo. Si cultivamos la esperanza, podemos perseverar en medio de los combates.

Breve meditación personal

– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)

1.- ¿En quién tienes puesta tu esperanza? 

2.- ¿Cómo puedes vivir la esperanza cristiana en tu vida cotidiana, en medio de las dificultades y de las alegrías que conlleva?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor, por los tesoros que me ofreces a través de tu Palabra. Porque a través de esta oración he podido darme cuenta del inmenso amor que me tienes y de tu preocupación por mi bien. Ayúdame a confiar cada vez más en Ti, para que pueda mantenerme junto a ti y anunciarte con generosidad a las personas que te necesitan.

Amén

– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

 – Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

–  Termina esta oración rezándole a María:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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