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Oración del miércoles: «Soy yo; no teman»

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+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te agradezco por tener nuevamente un momento de oración para estar junto a Ti. Te pido que me ayudes a disponer mi corazón para que, escuchando con atención tus palabras de vida, pueda comprender lo que quieres de mí.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido perdón Señor por mis pecados cometidos. Ayúdame a confiar en tu amor misericordioso que siempre perdona a quien en verdad se arrepiente, y así pueda renovarme en la lucha por alcanzar la santidad.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: «Soy yo; no teman» (Mc 6,45-52)

En seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman». Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.

Lectura espiritual breve

Te compartimos una reflexión del P. Juan José Paniagua:

Hoy el Evangelio nos dice que los apóstoles se llenaron de miedo al ver a Jesús caminando sobre las aguas. El miedo es un sentimiento muy humano. ¿Qué es el miedo? Es esa alerta natural que se despierta en nosotros ante el riesgo de perder un bien que poseemos. Por lo tanto no es algo malo. Si estamos al borde de un precipicio nos da miedo, porque tememos perder un bien muy sagrado, el de la vida. El miedo nos preserva. Pero en algunas ocasiones el miedo puede ser una reacción exagerada, cuando se sobredimensiona la amenaza o cuando no se ve solución a un problema que sí lo tiene.

Los apóstoles en el Evangelio estaban llenos de miedo. Estaban en una barca en medio de los oleajes y ven a Jesús venir, caminando sobre las aguas, pero no lo reconocen. Los Padres de la Iglesia nos dicen que la barca en este pasaje es figura de la Iglesia, que navega en medio de las dificultades del mundo. Nos recuerda también que como cristianos vivimos en medio de luchas diarias. Y que también podemos sucumbir al miedo si es que no reconocemos a Cristo, si es que no nos damos cuenta que no estamos solos, que no es Dios que nos haya abandonado, sino que somos nosotros que no lo llegamos a ver, no lo reconocemos. Pero como vemos en el Evangelio de hoy, el Señor Jesús está siempre cerca, porque Él es fiel a sus promesas, porque se ha comprometido con nosotros.

Si aprendiéramos a reconocer a Jesús, si de verdad le creyéramos un poco más, que Él tiene el poder de caminar sobre las aguas en tempestad, y que si lo miramos con fe, tampoco nos hundiríamos, podríamos avanzar con mayor solidez, con mayor confianza. El Señor Jesús nunca ha prometido que no habrá tempestades, ni problemas, ni sufrimientos. La fe en Cristo no nos salva de eso. Pero sí nos da la fuerza para poder caminar sobre ellas y llevar firme la esperanza.

 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué miedos hay en mi vida que me alejan de Dios?

2.- ¿Soy paciente frente a los problemas y dificultades que me topo en la vida?

3.- ¿Qué podría hacer para enfrentar los retos en la vida con mayor confianza en Dios?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor Jesús por estar conmigo en esta oración. Así como le dijiste a tus discípulos «no temáis, soy yo», también sales a mi encuentro hoy, mostrándome que a pesar de los vientos y tormentas, Tú siempre estás junto a mí. Ayúdame, Buen Jesús, a comprender que Tú realmente eres el Señor, y que sin Ti yo nada puedo.

Amén.

– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

 – Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

–  Termina rezándole a María:

Santa María,
ayúdame a esforzarme
según el máximo de mi capacidad
y el máximo de mis posibilidades
para así responder al Plan de Dios
en todas las circunstancias
concretas de mi vida.
Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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