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Oración del miércoles: “Danos cada día nuestro pan”

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, al iniciar esta oración quiero decirte que creo en Ti, pues sé que eres un Dios lleno de amor y que, así como a los apóstoles, también me has llamado a anunciarte a todas las personas. Te pido que esta oración me ayude a nutrirme de Ti, para que pueda compartir con los demás el gozo y la alegría de ser tu amigo.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Sin embargo Buen Jesús, reconozco también que muchas veces me alejo de Ti, no es fácil seguir tus pasos y con frecuencia veo que me desvío. Sin embargo Tú sabes que deseo con todo mi ser estar a tu lado. Estoy arrepentido de mis pecados, ayúdame a que a pesar de mis caídas, tenga la fuerza y la gracia para ponerme de pie y seguir caminando.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día:  “Señor, enséñanos a orar” (San Lucas 11,1-4).

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. El les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.

Lectura espiritual breve

Te compartimos esta breve reflexión del Padre Juan José Paniagua:

¡Cuántas veces nos ocurre que nos cuesta rezar! La oración no es fácil. Pero esta no es una experiencia nueva, ya desde los tiempos de Jesús sus mismos discípulos la experimentaban. Hoy se topan con Jesús rezando y cuánto los debe haber impresionado que le piden: Señor enséñanos a rezar. Nunca debemos dejar de pedírselo, porque nuestra relación con Dios debe crecer cada día, ser más profunda, de mayor amistad, de mayor confianza.

Y Jesús al enseñarnos nos dice que recemos diciendo “Padre nuestro”. Y es un atrevimiento. Cada vez que celebramos la Misa lo reconocemos: fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir. Es una osadía. En el Antiguo Testamento no se podía pronunciar el nombre de Dios. Pero ahora Jesús nos invita a rezar de una nueva manera, como hijos, con valentía. Con esa cercanía que nos lleva a confiar en Dios siempre, porque aunque nosotros no nos hayamos comportarnos como hijos, Él siempre va a ser nuestro Padre. Aunque vengamos como el hijo pródigo y le pidamos que nos trate como a uno de sus siervos, Él será siempre fiel a su identidad, y será Padre con nosotros.

Valoremos la grandeza de esta oración. Que no se convierta en rutina rezarla. Estamos rezando con las mismas palabras de Dios, porque es una oración que brota del Corazón de Jesús, de su diálogo íntimo con el Padre.

Breve meditación personal

– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)

1.- ¿Rezas a Dios con confianza de hijo, le pides con insistencia? ¿O no te sientes con esa cercanía?

2.- ¿Qué puedes hacer para que la oración ocupe un lugar cada vez más importante en tu vida?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por este momento de oración que me has permitido tener. Gracias por enseñarme a rezar al Padre como un hijo de verdad. Ayúdame también a responder como hijo siguiendo siempre su Plan de amor para mí.

Amén.

– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

 – Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

–  Termina esta oración rezándole a María:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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