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Oración del miércoles: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas”

+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Aquí estoy, Señor, nuevamente para compartir contigo, para conocerte más y dejarme iluminar por tu Palabra. Te pido que me ayudes a acercarme con humildad, reconociendo mis debilidades, consciente de que no siempre respondo a tu llamada pero con la disposición de cambiar, de crecer y seguir tu voz de ahora en adelante.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Buen Jesús, Tú que has venido a traer el perdón a los pecadores, que viniste para estar con los enfermos y los necesitados, acoge en tu perdón a este hermano tuyo. Me presento ante ti frágil y pecador, necesitado de tu abrazo de amor, con la plena conciencia que no soy perfecto, que he caído, que he faltado en obra y omisión, pero confiado en tu misericordia de todo corazón te pido perdón.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas“(San Mateo 5,17-19)

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Lectura Espiritual breve

Lee este texto que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hemos oído en muchos momentos de los Evangelios cómo Jesús era duro y criticaba a los fariseos por ser tan exagerados en el cumplimiento de los mandamientos, por estar agregando e inventando nuevas normas. Sin embargo, hoy oímos a Jesús que alaba el cumplimiento de la ley de Dios, se alegra por los mandamientos.

Es que los mandamientos son una bendición. Y es así. Los mandamientos no son un obstáculo o carga pesada que reduce nuestra libertad. Los mandamientos de Dios más bien son camino para ser plenamente humanos, plenamente libres. Tanto así que Jesús no ha venido a quitar sus mandatos y normas, sino todo lo contrario, ha venido a darles plenitud. Y es que en el fondo, el que busca cumplir los mandamientos, es porque ama a Dios. Tantas veces que hablamos del amor a Dios. Pero no nos olvidemos que el amor a Dios es concreto, se da en obras. El amor de corazón, meramente sentimental, no basta, necesita reflejarse en mi obrar.

No nos olvidemos que el amor auténtico no sólo es un amor “cara a cara”, tú me quieres y yo también. Sino también es un amor “hombro a hombro”, miramos juntos al mismo ideal, caminamos hacia el mismo lugar. Eso significa amar a alguien. Lo que une no es sólo el cariño mutuo, sino también la meta común. A Jesús hay que amarlo de corazón, porque también estamos “hombro a hombro” en la misma misión, queremos llegar con Él a la misma meta. De ahí brota nuestro deseo de seguir sus caminos, cumplir sus mandamientos, son camino del auténtico amor.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias Señor por este momento de oración, por la oportunidad que me das de detenerme un instante para aprender de Ti, para conocerte más, para mejorar nuestra amistad. Te pido que me ayudes a no dejar de buscar cumplir siempre tus mandamientos para poder ser plenamente libre. Amén.

Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María.

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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