Oración del martes: «Y toda la gente quería tocarlo, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos»

Oración del martes

«Y toda la gente quería tocarlo, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos»

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

En este día, Señor, quiero crecer en amor y en confianza en Ti. Sé que cuando estoy a tu lado, voy por el buen camino. Tú sabes Señor cuánto anhelo vivir cada vez más cerca de Ti, porque para esto me has creado. Que este momento de oración me ayude a conocerte mejor y alimentarme de tu palabra.

 

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Padre bueno y misericordioso, reconozco que muchas veces tomo caminos equivocados que me alejan de Ti. Confío en que tu perdón es siempre más grande que mis pecados. Ayúdame a vivir aquello que me pides: «quiero misericordia y no sacrificios».

 

Lectura Bíblica: Lc 6,12-19

En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

 

Lectura espiritual breve

Lee la siguiente reflexión del Papa San Juan Pablo II:

Cuanto más conozcan a Cristo, mayor amistad profunda tengan con Él, y más vibren de entusiasmo por el Señor, tanto más sentirán la urgencia de las palabras del Maestro: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). Ahí deberán hallar el constante impulso a entregarse, con criterios evangélicos, en favor de los más pobres, de los marginados, de los oprimidos por la injusticia. Os recordaba poco antes el método del que Jesús se valió. Según lo señala Marcos: «Llamó a los que quiso… para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14). Familiaridad, pues, con Jesucristo y, como consecuencia, misión apostólica.

 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

 

Acción de gracias y peticiones personales

Señor Jesús, gracias porque sales a mi encuentro para saciar mi hambre de infinito. Sólo Tú eres capaz de llenar esa sed de felicidad que tengo. Quiero compartir esta gran alegría con todos los que me rodean. Ayúdame a vivir la caridad con los demás dando testimonio de tu amor y misericordia, y anunciándote como el único alimento que sacia todos nuestros anhelos. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

 

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre buena, con tu maternal afecto pide, ruega, apela, clama a la misericordia de tu Hijo, nuestro amado Jesús, para que tras sus pasos y los tuyos aprendamos a ser siervos dóciles, y que siempre hagamos lo que Él nos diga. Que así sea. Amén.

 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

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