cena jesus Jueves-Santo

Oración del martes: «Les dejo la paz, les doy mi paz»

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús ayúdame a disponer mi corazón para estar en tu presencia. Ilumíname para que este momento de oración se convierta en un momento de encuentro y de diálogo contigo. Aumenta mi fe de modo que, escuchando tu palabra y fortalecido por tu gracia, pueda hacerla concreta en las obras y opciones de mi vida diaria.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Jesús, Tú que has venido a traer el perdón a los pecadores, que viniste para estar con los enfermos y los necesitados, escucha mi oración. Me presento ante Ti frágil y pecador, necesitado de tu abrazo de amor, con la plena conciencia de que en muchas ocasiones he caído, he faltado en obra y omisión. Por sobre todo confío en tu misericordia y te pido perdón de todo corazón.

Lectura Bíblica: «Les dejo la paz, les doy mi paz» Jn 14,27-31

«Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo. Saben que les dije: Me voy, pero volveré a ustedes. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, pues el Padre es más grande que yo. Les he dicho estas cosas ahora, antes de que sucedan, para que cuando sucedan ustedes crean. Ya no hablaré mucho más con ustedes, pues se está acercando el príncipe de este mundo. En mí no encontrará nada suyo, pero con esto sabrá el mundo que yo amo al Padre y que hago lo que el Padre me ha encomendado hacer. Ahora levántense y vayámonos de aquí».

Lectura espiritual breve

Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio

A veces, cuando llegamos a un lugar bonito, apartado, tranquilo, lejos del ruido de las actividades diarias, decimos, “qué paz se siente aquí”. Y está bien. Pero esa sólo es una paz momentánea, pasajera, que se acaba con el paseo. Hay una paz más profunda y duradera, que es la que buscamos los cristianos. Es la paz en medio del mundo, en medio de los esfuerzos, de las preocupaciones del trabajo, familiares y personales. Esa es la paz que Jesús nos deja, es la paz que Jesús nos da. Porque la paz no es no tener problemas, la paz es estar en comunión con Dios. 

“No se turbe vuestro corazón ni se acobarde” nos dice hoy el Evangelio. No dice “no sintamos nunca miedo”, sino: no nos acobardemos. Porque para lograr la paz, hay que luchar, hay que estar en actitud de combate. Por eso el Señor nos dice “que no nos da la paz como la da el mundo”. No es la paz mundana de la comodidad, del confort, del placer de no tener nada en contra, sino que todo y todos están a tu favor. Es más bien la paz del combate hombro a hombro junto al Señor. Es la paz de vivir el amor hasta que duela, como decía la Madre Teresa de Calcuta y si duele, es buena señal, nos decía la beata. Quizá por eso ella y los santos nos transmitían tanta paz. Vivamos en esa paz. Hoy Jesús lo ha dicho: “el Príncipe de este mundo en mí no tiene ningún poder”. El mal no es más fuerte que el bien. Si estamos con el Señor podemos estar en paz y no tenemos qué temer. (Padre Juan José Paniagua)

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias Señor por este momento de oración, por la oportunidad que me das de detenerme un instante para aprender de Ti, de conocerte más y poder así crecer en mi amistad contigo. Te pido que este tiempo de Pascua sea propicio para convertirme en luz del mundo y poder llevar tu paz a las personas que me rodean. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Reina del Cielo, alégrate, aleluya, 
porque el Señor, a quien llevaste en tu seno, aleluya, 
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, 
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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