puerta luz

Oración del martes: «Entren por la puerta estrecha»

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, a Ti que eres la Palabra hecha Carne, te pido que me ilumines con tu Santo Espíritu, para que acogiendo lo que me dices en el Evangelio, pueda yo también ser luz que ilumine al mundo.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día..

Te pido perdón Jesús por todos mis pecados. Sé que no soy digno de tu perdón, pero tu misericordia es más grande que mis pecados. Acoge, Buen Señor, a este humilde siervo tuyo y ayúdame a seguir el camino que conduce a la vida.

Lectura Bíblica: “Entren por la puerta estrecha” Mt 7,6.12-14

No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Lectura espiritual breve

Lee esta breve reflexión que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

El Señor, buscándose, entre la multitud a la cual dirige su llamada, un obrero, dice: «¿Quién es el que ama la vida y desea días de prosperidad?» (Sal 33,13). Si escuchando esto respondes: «¡Yo!», Dios te dice: «Si quieres alcanzar la vida, la verdadera vida eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad, apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella» (Sal 33, 14-15)… ¿Qué hay que sea más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Mirad que, en su bondad, el Señor nos indica el camino de la vida. Habiendo, pues, ceñido nuestros lomos (Ef 6,14) con la fe y la práctica de las buenas obras, guiados por el Evangelio, avancemos en sus caminos, a fin de que merezcamos ver a aquél que nos ha llamado a su Reino (1Tes 2,12). Si queremos habitar en las moradas de este Reino, no llegaremos de ninguna manera a él si no es por las buenas obras. Con el profeta, preguntemos al Señor y digámosle: «Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? ¿Quién habitará en tu monte santo?» (Sal 14,1). Después de esta petición, hermanos, escuchemos al Señor que nos responde mostrándonos el camino…

Vamos, pues, a establecer una escuela al servicio del Señor, en la cual esperamos no establecer nada riguroso, nada agobiante. Pero si se presentara alguna cosa un tanto severa, exigida por una razón de justicia a causa de la corrección de los vicios o para mantener la caridad, no huyas inmediatamente, preso de terror, pues no nos podemos comprometer en el camino de la salvación de otra manera que por una puerta estrecha. Por otra parte, gracias al progreso de la vida y de la fe, se corre por los caminos de los mandamientos del Señor (Sal 118,32) con el corazón dilatado, en una inefable dulzura de amor. Así, no alejándonos jamás de su enseñanza y perseverando en su doctrina hasta la muerte en el monasterio, por la paciencia participaremos en los sufrimientos de Cristo (1Pe 4,13) para que merezcamos tener también parte en su Reino.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Jesús por esta oración. Ayúdame a querer con todo mi corazón la santidad que Tú me invitas a vivir. Sé que mis fuerzas son del todo insuficientes, pero también sé que Tú estás conmigo y nunca me abandonas. Por eso, espero confiado en Ti, y buscaré poner todo lo que esté de mi parte para seguirte con fidelidad.
Amén

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

¡Oh Señora mía, 
oh Madre mía!, 
yo me entrego del todo a Ti 
y en prueba de mi afecto, 
con amor filial 
te consagro en este día: 
todo lo que soy, todo lo que tengo. 
Guarda y protege, 
y también defiende a este hijo tuyo, 
que así sea.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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