sinagoga

Oración del lunes: «Ustedes también darán testimonio de Mí»

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Te doy gracias Señor por salir a mi encuentro y ayudarme a estar en tu presencia todos los días. Ayúdame a perseverar en la oración para que, configurándome con tu amor, pueda irradiar al mundo entero la alegría de tu Resurrección.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor Dios Todopoderoso, Tú conoces mi interior. Sabes cuánto te amo y sabes también cuánto te he fallado. Por eso ahora te pido perdón por todas mis faltas, pecados y omisiones. Me arrepiento de haberte crucificado una vez más con mis pecados. Ayúdame a luchar contra el pecado y así serte fiel por toda la vida.

Lectura Bíblica: «Ustedes también darán testimonio de Mí» Jn 15,26-16,4

Cuando venga el Protector que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí. Y ustedes también darán testimonio de mí, pues han estado conmigo desde el principio. Les hablo de todo esto para que no se vayan a tambalear. Serán expulsados de las comunidades judías; más aún, se acerca el tiempo en que cualquiera que los mate pensará que está sirviendo a Dios. Y actuarán así porque no conocen ni al Padre ni a mí. Se lo advierto de antemano para que, cuando llegue la hora, recuerden que se lo había dicho. No les hablé de esto al principio porque estaba con ustedes.

Lectura espiritual breve

Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio:

Estamos en los últimos días de Pascua, acercándonos cada vez más a la Solemnidad de Pentecostés, y las lecturas de los Evangelios de estos días nos hablan del Espíritu Santo. Hoy la lectura nos habla de uno de los dones del Espíritu: la fortaleza. A causa del testimonio que los discípulos tendrán que dar, sufrirán persecuciones, serán expulsados de las sinagogas y experimentarán todo tipo de maltratos. Pero hoy el Señor los quiere consolar, les quiere dar fuerzas y ánimos, Él les enviará al Confortador, al Abogado, al que vendrá a sostenerlos en la debilidad, es el Espíritu Santo. 

No nos olvidemos que la fortaleza es un don del Espíritu Santo. No es simplemente un esfuerzo heroico que brota de la propia voluntad, una resistencia y aguante meramente humanos, que uno ha construido con su esfuerzo. Hay también un don divino de la fortaleza, que lo trae el Espíritu Santo. Llama mucho la atención lo débiles, inconstantes y hasta cobardes que fueron los discípulos en muchas ocasiones, pero luego de recibir el Espíritu Santo, empiezan a actuar con una valentía nueva, distinta, que no se había visto antes. Parece que no es simplemente una fortaleza que ellos hayan cultivado en el tiempo, sino más bien una fortaleza divina, que recibieron como un don.

Cuántas veces sentimos que las pruebas de la vida se nos hacen demasiado grandes, que los problemas son cargas muy pesadas, que no nos alcanzan más las fuerzas para seguir adelante. ¿Recurrimos al Espíritu Santo? ¿Confiamos en su auxilio? No olvidemos, que la fortaleza divina sale en auxilio de nuestra debilidad. Cuando pensamos que las fuerzas ya se han agotado, que es sobrehumano lo que tenemos que enfrentar, no nos olvidemos del Espíritu Santo, de pedirle su fortaleza, de confiarnos a sus auxilios. (Padre Juan José Paniagua)

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Muchas gracias Señor por este momento de oración. Gracias por estar siempre a mi lado ayudándome a conocerte un poco más. Te pido que me ayudes a seguir la guía de tu Santo Espíritu para que no ceda ante el temor. Dame Señor la fuerza para mantenerme siempre firme en mi fe, y para dejar que tu gracia me transforme interiormente. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Reina del Cielo, alégrate, aleluya, 
porque el Señor, a quien llevaste en tu seno, aleluya, 
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, 
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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