Tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra

Oración del lunes: «Tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra»

Oración del lunes

«Tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra»

Tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, gracias por tu infinito amor y por regalarme cada día nuevas oportunidades para acercarme a Ti. Te pido que me ayudes a meditar en el misterio de la vida resucitada que me regalas y que sea ocasión para vivir el camino terrenal con esperanza profunda.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Perdóname Señor por mis muchos pecados. Sabes bien que soy frágil y que muchas veces torpemente sigo optando por el mal. Sé bien que conoces mi corazón y ves más allá, mirándolo con ternura y misericordia. Que sea esa confianza la que nutra mi esperanza y mi deseo de ponerme en pie para seguir luchando.

Lectura Bíblica: Mt 12,38-42

En aquel tiempo, un grupo de letrados y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un milagro tuyo». Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».

Lectura espiritual breve

Medita con este comentario en base al Evangelio:

Jesús hace memoria del “signo de Jonás”, quien estuvo 3 días sumergido en las aguas en el interior de un pez, para referirse a su propia muerte y resurrección. Muchas veces nosotros queremos buscar esos “milagros” o “signos” que el pueblo de Israel le pedía a Jesús, pero somos incapaces de darnos cuenta que la Resurrección de Cristo es el signo de los signos. Pues solo Él, por ser Dios, tuvo el poder de despertar de la muerte y resucitar lleno de gloria. Ese “signo” de Cristo, no solo nos habla de su propia divinidad, sino que también nos ayuda a comprender lo que vivimos nosotros espiritualmente cuando por medio del Bautismo somos sumergidos en la muerte para renacer a una nueva vida. Cuando luchamos con Cristo por nuestra propia santidad, estamos viviendo esa nueva creación que Cristo vino a traer, estamos formando ya parte de ese Reino que vino a instaurar. Pero sobre todo, comprendemos que nuestro destino es eterno, y que nosotros también estamos llamados a resucitar en Él llenos de gloria para la Vida Eterna.  

P. Sebastián Correa

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

¿Yo soy de los que le piden signos a Dios para creer en Él?

¿Qué implicancias tienen para mi vida el que Cristo de verdad haya resucitado de la muerte?

¿Vivo anhelando la vida eterna?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por este momento de oración y encuentro contigo. Gracias Señor por recordarme que después de la cruz viene la resurrección y éste es el signo del triunfo de tu amor. Que con el auxilio de tu gracia pueda hacer vida tu Luz resucitada que ilumina mis propias tinieblas, abriendo mi mirada al hermoso horizonte de eternidad. Amen.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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