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Oración del lunes: «No vine a traer la paz, sino la espada»

Oración del lunes

«No vine a traer la paz, sino la espada»

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+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Buen Jesús, yo creo que Tú eres el Señor de la vida. Yo creo que Tú has venido a reconciliar todas mis rupturas. Te pido que me ayudes a escuchar tu Palabra con reverencia y atención, para que pueda alimentarme de Ti, que eres el único alimento de vida eterna.

 

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido perdón Señor por todos mis pecados. Son tantas las veces que he fallado contra Ti que me da vergüenza mirar tu rostro. Pero tu misericordia es infinita. Tú no ves mi pecado, sino que ves mi corazón herido que necesita de Ti. Ayúdame a crecer en la Fe para que pueda vivir más coherentemente con tu Palabra, y así no pecar más contra Ti.

 

Lectura Bíblica: Mt 10,34–11,1

No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa». Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

 

Lectura Espiritual breve

Meditemos con estas palabras del Padre Sebastián Correa:

El Señor nos invita a renovar en nuestro corazón el mandamiento primero, que es el fundamento de todos los otros mandamientos: Amar a Dios. Hay que tener mucho cuidado con malinterpretar las palabras de Jesús, pues Él no nos está llamando a no amar a nuestros padres o hermanos. Sino por el contrario, nos pide amarlos en su justa medida. Y esa justa medida es teniendo siempre primero el amor a Dios, ya que quien ama a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, se hace “capaz” de amar al prójimo como a sí mismo. La renuncia de uno mismo que nos pide el Señor no es la anulación personal. Sino es un “perderse por amor”, es un darse en ese amor a Dios de tal manera, que toda nuestra vida sea una entrega generosa al Señor, sobre todo, en el rostro del débil. La cruz que nos invita a cargar, no es una cruz que oprime o que anula el propio despliegue, sino que es una cruz que llevada desde la óptica del amor, nos ayuda a que podamos ser cada vez más felices, amando cada día más. Y así nos acercaremos, peldaño a peldaño, a la felicidad eterna del Cielo.

P. Sebastián Correa

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

¿Cómo vivo el amor a Dios en mi vida?

¿Ese amar a Dios se refleja en un amor al prójimo?

¿Cuál es la cruz que Dios me pide cargar hoy con alegría?

 

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por este encuentro Contigo. Gracias por hablarme a lo profundo de mi corazón y mostrarme cuánto necesito de Ti. Ayúdame a fortalecer más mi Fe y a cultivar cada día más lo que conozco de Ti y de tu Iglesia, para que así pueda amarte más y vivir cada día más cerca Tuyo. Amén

(Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

 

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

Santa María, Madre del Señor Jesús y nuestra, obtennos la presencia vivificante del Espíritu, y la gracia de andar siempre por los caminos de Dios. Amén.

 

+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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