Oración del lunes: «No juzguéis, para que no seáis juzgados»

Oración del lunes

«No juzguéis, para que no seáis juzgados»

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te doy gracias por tu inmenso Amor, y porque me permites estar otra vez en tu presencia para escuchar tu palabra. Ayúdame a acogerla con humildad para que pueda transformar mi vida.

 

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

 

Perdóname Señor por todas mis faltas, especialmente por aquellas con las que atento contra la caridad y dejo de ver a los demás como mis hermanos. Ayúdame a acogerme a tu infinita misericordia y a aprender de Ti a ser «manso y humilde corazón».

 

Lectura Bíblica: Mt 7,1-5

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

 

Lectura espiritual breve

El Papa Francisco nos dice:

Llegamos a los chismes, los chismeríos pueden también asesinar la reputación de las personas. Al inicio puede parecer algo divertido, como un caramelo, pero al final nos llena el corazón de amargura y nos mata también a nosotros. Estoy convencido de que si cada uno de nosotros hace el propósito de evitar los chismes, se volvería santo. Es un hermoso camino, ¿Queremos ser santos?, o ¿queremos aferrarnos a los chismes como costumbre? ¿Sí o no? Entonces, nunca hay que hacer chismes. Jesús propone a quien lo sigue la perfección del amor: un amor cuya única medida es la de no tener medida: de ir más allá de cualquier cálculo. El amor al prójimo es una actitud de tal manera frontal que Jesús llega a afirmar que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si no queremos entablar paz con nuestro prójimo. Y dice así: «Si por lo tanto presentas tu oferta al altar y allí te recuerdas que tu hermano tiene algo en contra de ti, deja allí tu don delante del altar, y ve antes a reconciliarte con tu hermano». Por ello estamos llamados a reconciliarnos con nuestros hermanos antes mismo de manifestar nuestra devoción al Señor con la oración. De todo esto se entiende que Jesús no da importancia simplemente a la observancia de la disciplina y de la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley, apuntando sobre todo en la intención y por lo tanto al corazón del hombre, desde donde nacen todas nuestras acciones, buenas o malvadas. Para obtener comportamientos buenos y honestos no son suficientes las normas jurídicas, sino que es necesario tener motivaciones profundas, expresión de una sabiduría escondida: la sabiduría de Dios, que puede ser acogida gracias al Espíritu Santo. Y nosotros a través de la fe en Cristo podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos vuelve capaces de vivir el amor Divino. A la luz de esta enseñanza, cada precepto revela su pleno significado como exigencia de amor, y todos se unen en el mandamiento más grande: ama a Dios con todo tu corazón y ama al prójimo como a ti mismo.

 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

 

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias Señor por enseñarme a vivir el camino de la humildad y la caridad. Ayúdame a aprender a mirarme a mí mismo cada vez con más misericordia, para que esta sea mi mirada hacia mis hermanos. Enséñame, Señor, a aprender de Ti a amar a mis hermanos con tu amor y no encerrarme en mi egoísmo, negándome a vivir la hermosa experiencia de comunión a la que me invitas. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

 

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Santa María, Madre del Señor Jesús y nuestra, obtennos la presencia vivificante

del Espíritu, y la gracia de andar siempre por los caminos de Dios. Amén.

 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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