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Oración del jueves: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz!»

Oración del jueves

«¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz!»

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oración inicial

Señor Jesús, en este momento de oración quiero poner toda mi confianza en Ti. Sé que me conoces hasta lo más profundo de mi ser y que me entiendes, y quieres que yo escuche tus palabras de vida. Ayúdame a hacer silencio en mi interior para escuchar tu voz y así acogerla en mi corazón.

 

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, soy consciente que muchas veces opto por alejarme de Ti, que muchas veces las ocupaciones que tengo en mi vida me distraen de lo más importante. Perdona mis pecados. Perdóname por todos los momentos en que me cierro a tu gracia y opto por el sinsentido y la mentira.

 

Lectura Bíblica: Lc 19,41-44

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».

 

Lectura espiritual breve

Lee este texto del Papa Benedicto XVI:

Jesús lloró ante la tumba de Lázaro, estaba realmente conmovido en su interior por el misterio de la muerte, por el terror de la muerte. Hay personas que pierden a su hermano, como en este caso, a su madre, a su hijo, a un amigo: todo el horror de la muerte, que destruye el amor, que destruye las relaciones, que es un signo de nuestra finitud, de nuestra pobreza. Jesús pasa por la prueba y se confronta hasta lo más íntimo de su alma con este misterio, con esta tristeza que es la muerte, y llora. Llora ante Jerusalén, viendo la destrucción de la hermosa ciudad a causa de la desobediencia; llora viendo todas las destrucciones de la historia en el mundo; llora viendo como los hombres se destruyen a sí mismos y sus ciudades con la violencia, con la desobediencia… decimos, con razón, que Jesús no ofreció algo a Dios, sino que se ofreció a sí mismo y esta ofrenda de sí mismo se realiza precisamente en esta compasión, que transforma en oración y en grito al Padre el sufrimiento del mundo.

 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

 

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Jesús porque me acompañas siempre en mi caminar, gracias por tu presencia de amigo en esta oración. Dame el silencio que necesito para escuchar lo que me pides en cada momento de mi vida y ponerlo por obra. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

 

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Amor Misericordioso, bien sabes que tu Hijo, desde lo alto de la Cruz, señaló el camino de la piadosa filiación como aquel que deberíamos recorrer. Te imploro me obtengas la gracia de acercarme a tu Inmaculado Corazón, desde mi propio corazón, para aprender a amarte y a honrarte con el amor que el Señor Jesús te tiene. Cuida que este hijo tuyo ingrese así en el proceso de amorización y vea algún día cumplida la gran esperanza de verse conformado con el Salvador. Amén.

 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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