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Oración del jueves: “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?“

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te pido que en este momento de oración me ayudes a disponer mi corazón para escuchar tus palabras de vida, y así pueda acogerlas en mi interior y vivirlas con generosidad en mi vida cotidiana.

 

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido perdón, Señor, por mis pecados. Y ya que Tú siempre te muestras misericordioso con el pecador, dame fuerzas para convertirme en un mejor hijo de Dios, siendo obediente en todo al Padre.

 

Lectura Bíblica:  “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?”(Lucas 9,22-25).

Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?».

 

Lectura espiritual breve

Te compartimos esta reflexión del Padre Juan José Paniagua:

Estamos comenzando la Cuaresma y el Señor nos empieza a mostrar el camino que tenemos que recorrer. Ayer nos habló del ayuno, la oración y la limosna. Hoy nos habla con mucha claridad de la Cruz. Porque en estos días tenemos que cargarla con generosidad, aprendiendo a dejar de lado todo aquello que nos aleje del Señor. Cargar la Cruz, también significa aprender a renunciar. Aprender a decir que no a muchas cosas válidas. Porque el que no se ejercita en decir que no a algunas cosas, cómo podrá decirle que sí a las importantes. A quien no aprende a renunciar, qué difícil le es aprender a optar. Renunciar significa dejar atrás todo lo que nos sobra, aquello que no nos hace ligeros. Quizá venimos cargando muchas cosas secundarias y así qué difícil es seguir al Señor. Porque como dice la lectura del Evangelio: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si al hacerlo se pierde a sí mismo?”

Vivimos en una cultura donde todo nos invita a complacernos continuamente, a decir que sí a todo lo que nos hace sentir bien, lo que estimule los sentidos. Qué difícil se nos hace educarnos en la escuela de la Cruz, en poder decirle a Dios “que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Sólo el que aprende a renunciar es capaz de optar, y así no deja que las fuerzas del mundo sean las que lo dominen. Con la mirada puesta en Cristo y su Cruz iniciemos este camino de conversión.

 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿A qué te has propuesto renunciar en esta Cuaresma?

2.- ¿Llevas tus cruces, tus mortificaciones, tus dificultades con esperanza? ¿Qué puedes hacer para llevarlas con mayor alegría?

 

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por el inmenso amor que nos tienes. Ayúdame a que también yo sea obediente al Padre, sepa cargar con mi propia cruz, y te siga con radicalidad en tu misión de amar hasta el extremo a los demás. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

 

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permanecés siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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