Oración del jueves: “Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón”

Oración del jueves

“Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón”

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Señor Jesús, en este momento de oración quiero poner por entero mi confianza en Ti. Sé que me conoces hasta lo más profundo y me entiendes, por eso puedo acercarme confiadamente. Ayúdame a hacer silencio en mi interior para escuchar tu voz y acogerla en mi corazón.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, soy consciente que muchas veces opto por alejarme de Ti, que muchas veces las ocupaciones que tengo en mi vida me distraen de lo más importante que eres Tú. Y algunas veces también siento que mis pecados son como una carga pesada que tengo que llevar. Ayúdame a confiar más en Ti, sé que si sigo tus pasos, todo se hace llevadero, sé que tu amor y tu misericordia hacen mi cruz más llevadera.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día:Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón” (San Mateo 11,28-30)

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Lectura Espiritual breve

(Lee este texto de la Beata Madre Teresa de Calcuta que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio).

Para ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseñó el modo de orar y también nos dijo que aprendiéramos de Él a ser mansos y humildes de corazón. Pero no llegaremos a ser nada de eso a menos que conozcamos lo que es el silencio. La humildad y la oración se desarrollan de un oído, de una mente y de una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla Él. Impongámonos realmente el trabajo de aprender la lección de la santidad de Jesús, cuyo corazón era manso y humilde. La primera lección de ese corazón es un examen de conciencia; el resto, el amor y el servicio, lo siguen inmediatamente. El examen no es un trabajo que hacemos solos, sino en compañía de Jesús. No debemos perder el tiempo dando inútiles miradas a nuestras miserias sino emplearlo en elevar nuestros corazones a Dios para dejar que su luz nos ilumine. Si la persona es humilde nada la perturbará, ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce, sabe quién es. Si la acusan no se desalentará; si alguien la llama santa no se pondrá sobre un pedestal. Si eres santo dale gracias a Dios; si eres pecador, no sigas siéndolo. Cristo nos dice que aspiremos muy alto, no para ser como Abraham o David ni ninguno de los santos, sino para ser como nuestro padre celestial. No me elegisteis vosotros a Mí, fui Yo quien os eligió a vosotros… (Juan 15:16). Beata Teresa de Calcuta.

Breve meditación personal

– Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Él?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias buen Jesús porque me acompañas siempre en mi caminar, gracias por tu presencia de amigo en esta oración. Ayúdame a tener un corazón humilde como el tuyo, que el ruido de la vida no me aparte de Ti.

Amén.

– (Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones).

– Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...

Consagración a María

–  Termina esta oración rezándole a María.

Madre del Amor Misericordioso,
bien sabes que tu Hijo,
desde lo alto de la Cruz,
señaló el camino de la piadosa filiación
como aquel que deberíamos recorrer.
Te imploro me obtengas la gracia
de acercarme a tu Inmaculado Corazón,
desde mi propio corazón,
para aprender a amarte
y a honrarte
con el amor
que el Señor Jesús te tiene.
Cuida que este hijo tuyo
ingrese así
en el proceso de amorización
y vea algún día cumplida
la gran esperanza
de verse conformado
con el Salvador.
Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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