socorro

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

«Cada vez que nos detenemos a contemplar y revivir la escena de pasión y amor que tuvo lugar en el Calvario, no podemos dejar de escuchar como dirigidas a nosotros las palabras de Jesús que nos confía como una madre a su propia Madre. En Juan están presentes la Iglesia y los creyentes de todos los tiempos; está cada uno de nosotros. “He ahí a tu Madre”: ¡He ahí la Madre de todos los hombres! El discípulo la llevó consigo, abriendo las puertas de su casa, de modo que su corazón late en armonía con el de la Madre.

Siguiendo el ejemplo de Juan, también nosotros estamos llamados a abrir nuestro espíritu a María. Reunidos hoy en la oración ante el icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, no podemos no renovarle nuestros sentimientos de siervos y de hijos devotos» (Beato Juan Pablo II).

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