La virtud: el primer paso

Por Kenneth Pierce

San Pedro, como hemos visto en las últimas semanas, nos plantea una escalera espiritual para avanzar por el camino de la santidad. El primero de los escalones es la “areté”, palabra griega que en castellano se suele traducir como “virtud”.

Resulta interesante entender qué significaba esta palabra para los griegos. Era el comportamiento de un “caballero”, que se caracterizaba por su corrección y nobleza en el actuar. Al aplicar esta virtud a nuestro tiempo es evidente que tanto hombres como mujeres están llamados a vivirla.

¿Qué la caracteriza? La virtud la posee, por ejemplo, quien tiene una conducta constante y en un sentido superior al común de las personas, en toda circunstancia. Así, en la dificultad y en la bonanza, en lo cotidiano y en lo extraordinario, la persona con virtud se rige según un ideal superior, con señorío, maestría, excelencia, rectitud.

Puede sonar un ideal un poco difícil, pero eso no significa que sea imposible alcanzarlo. Más aun si contamos con la ayuda de la gracia. Y de hecho la necesitamos, pues vivir la virtud que nos lleva a la santidad implica una reconciliación en nuestro interior.

Un barco que quiere atravesar un océano, con posibles tempestades, tiene que estar perfectamente preparado. No pueden haber grietas en el casco, ni roturas en las velas. Las provisiones deben estar en su sitio, la tripulación debe saber actuar en conjunto y armonía. Si es así, el barco navegará bien tanto en un mar tranquilo como en una tormenta. El primer deber del capitán es, por tanto, asegurar que todo esté en las mejores condiciones para un perfecto funcionamiento.

Como capitanes de nuestra vida lo primero que nos toca realizar es poner orden en nuestro interior, pues sin ese orden no podremos actuar con señorío. Eso es la virtud, y por eso el virtuoso es señor de sí mismo. Crecer en la areté (virtud) nos permite estar preparados para afrontar cualquier obstáculo.

Cuando San Pedro nos señala el camino no nos propone en primer lugar hacer algo enorme o llamativo. Por el contrario, nos dice: “empieza en ti”. El primer paso, que debemos afrontar con humildad, somos nosotros mismos. Por ahí debemos empezar.

¿Cómo hacer? Lo veremos la próxima semana…

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