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La Sierva humilde

San Bernardo nos exhorta en este texto a vivir la mansedumbre y la humildad siguiendo el ejemplo de María:

«Con razón la última ha llegado a ser la primera, pues era la primera de todos y se coloca la última. Con razón se ha convertido en Señora de todos, la que actuaba como sierva de todos. En una palabra, con razón ha sido ensalzada sobre los ángeles la que se juzgaba más insignificante que las viudas y penitentes, y se humillaba con toda naturalidad ante aquella de la que expulsaron siete demonios. Les ruego, hijos míos, que si aman a María practiquen esta virtud; si desean complacerla, imiten su modestia: porque nada hay tan digno del hombre, nada tan conveniente al cristiano. Realmente en esta mansedumbre de la Virgen se manifiesta claramente la virtud de la humildad, por cuanto la mansedumbre y la humildad son hermanas, totalmente identificadas en Aquel que dijo: “Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,29)».

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