La «ciencia de los santos»

La «ciencia de los santos»

Por Kenneth Pierce.

San Pedro nos propone una escalera espiritual para avanzar por el camino de la santidad. Su primer paso es la virtud, a la cual hemos dedicado algunas reflexiones durante las semanas pasadas. El segundo escalón, según lo que nos propone el Apóstol Pedro, es el «conocimiento».

Evidentemente no se trata de cualquier tipo de conocimiento. Está muy relacionado a la fe (sobre la cual descansa esta escalera espiritual) pero no es solo un conocimiento teórico de la Revelación. Es, más bien, un conocimiento que nos lleva a iluminar nuestro caminar a partir de las verdades de la fe. Es, por tanto, un conocimiento que tiene muchas implicancias prácticas.

Por medio del conocimiento del que habla San Pedro podemos iluminar nuestra vida para vivirla de acuerdo al Plan de Dios. Nos lleva, por ejemplo, a saber distinguir el bien y el mal, a discernir lo bueno y lo correcto de aquello que nos esclaviza y hace daño, a vivir la justicia en nuestro día a día.

Las semanas pasadas veíamos como la virtud nos lleva por un camino de reconciliación y dominio personal. Decíamos que era como –usando un ejemplo que tiene ciertas limitaciones pero que puede iluminar– ir afinando un automóvil. De nada nos sirve, sin embargo, tener todo a punto si no sabemos cómo manejar o cuál es la ruta. Por eso, a partir de la virtud, el siguiente paso es el conocimiento, porque nos va ayudando a conocer la ruta necesaria para avanzar según el Plan de Dios.

Decía un autor espiritual que este conocimiento que nos propone San Pedro es la «ciencia de los santos». Precisamente los santos se dejan iluminar por la Revelación y aprenden a ver con mayor claridad cómo vivir la fe en su vida cotidiana. Con la gracia de Dios nosotros también podemos aprender esta «ciencia de los santos».

No se puede amar lo que no se conoce. No podemos amar a Dios si no nos abrimos a su gracia, si no nos dejamos iluminar por El, y si no vivimos según lo que nos enseña. El conocimiento que nos lleva a vivir según esas enseñanzas nos ayuda a cumplir el Plan que Dios, desde su infinito amor, nos propone para avanzar por el camino de la santidad y felicidad.

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