“Jesús, María y José nos ayudan a redescubrir la vocación y la misión de la familia”

EXTRACTO DE LA AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO 16 DE DICIEMBRE DE 2014

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El Sínodo de los Obispos sobre la Familia, apenas celebrado, ha sido la primera etapa de un camino que se concluirá el próximo octubre con la celebración de otra Asamblea, sobre el tema “Vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo”…

…Por esto, he decidido reflexionar con ustedes, en este año, precisamente sobre la familia, sobre este gran don que el Señor hizo al mundo desde el principio, cuando confirió a Adán y Eva la misión de multiplicarse y de llenar la tierra (cfr Gen 1,28). Ese don que Jesús ha confirmado y sellado en su Evangelio.

Y la cercanía de la Navidad enciende sobre este misterio una gran luz. La encarnación de Hijo de Dios abre un nuevo inicio en la historia universal del hombre y de la mujer. Y este nuevo inicio acaece en el seno de una familia, en Nazaret. Jesús nació en una familia…

Dios ha elegido nacer en una familia humana, que ha formado Él mismo… …en una periferia casi invisible, o mejor dicho, más bien de mala fama…

…Jesús permaneció en esa periferia por más de treinta años… …¿pero este Dios que viene a salvarnos ha perdido treinta años allí, en aquella periferia de mala fama?…

El camino de Jesús estaba en esa familia… …en Nazaret todo parece suceder “normalmente”, según las costumbres de una pía y trabajadora familia israelí…

…Los caminos de Dios son misteriosos. ¡Lo que era importante allí era la familia!… …Eran grandes santos: María, la mujer más santa, inmaculada, y José, el hombre más justo. La familia.

(Jesús) entre otras costumbres de la vida cotidiana, se dedicó al cumplimiento de los deberes sociales y religiosos, el trabajo con José, la escucha de la Escritura y el rezo de los salmos.

…Jesús ha cultivado en aquellos treinta años su vocación, por la cual el Padre lo ha enviado, ¿no? El Padre Dios. Jesús jamás en aquel tiempo se desalentó, sino que creció en coraje para seguir adelante con su misión.

Cada familia cristiana – como hicieron María y José – puede en primer lugar acoger a Jesús, escucharlo, hablar con Él, custodiarlo, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio en nuestro corazón y en nuestras jornadas al Señor.

Así hicieron también María y José, y no fue fácil: ¡cuántas dificultades tuvieron que superar! No era una familia fingida, no era una familia irreal. La familia de Nazaret nos compromete a redescubrir la vocación y la misión de la familia, de toda familia.

Y como sucede en aquellos treinta años en Nazaret, así puede suceder también para nosotros: hacer que se transforme en normal el amor y no el odio; hacer que sea normal la ayuda mutua, y no la indiferencia o la enemistad.

…No es casualidad, que Nazaret signifique “Aquella que custodia”, como María, que -dice el Evangelio- “… conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.” (cfr Lc 2, 19-51).

Desde entonces, cada vez que hay una familia que custodia este misterio, aunque esté en la periferia del mundo, el misterio del Hijo de Dios, el misterio de Jesús que viene a salvarnos, está obrando. Y viene para salvar al mundo.

Y esta es la gran misión de la familia: hacer lugar a Jesús que viene, recibir a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos, porque Jesús está allí. Recibirlo allí, para que crezca espiritualmente en esa familia.

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