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Evangelio del día: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra”

Oración del jueves

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, gracias por estar junto a mí en este nuevo día. Gracias por acompañarme en mi caminar y no dejarme nunca sólo. Te pido que me ayudes a escuchar tu palabra y poder así, vivir coherentemente con ella haciendo que toda mi vida de gloria al Padre.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Quiero decirte también Jesús, que junto con el amor que te tengo, descubro en mi interior una contradicción, porque mis obras muchas veces me alejan de Ti. Sé que la razón de mi alejamiento son mis opciones libres de escoger el pecado. Ayúdame a escoger bien, que el amor triunfe sobre el egoísmo, y que confiando cada día más en tu infinita misericordia viva con cada vez mayor firmeza mi vida cristiana.

Lectura bíblica según el Evangelio del día:  “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra” Lc 12,49-53.

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

Lectura espiritual breve

Lee este breve texto del que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hoy el Señor ha tenido palabras fuertes y duras en el Evangelio: “¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división”. Y también: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”. Y es que en un mundo que le ha dado la espalda a Dios, la vida cristiana ha adquirido forma de lucha y de combate.

Así fue la vida de Jesús. Eso fue lo que profetizó el anciano Simeón: “este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel y será signo de contradicción”. Por eso vivir la vida cristiana es ir en contra de la corriente. La fe no nos propone la falsa paz de una vida cómoda y sin problemas. La cultura del cofort nos quiere vender esa ilusión. Esa es una paz falsa, que no dura, que se acaba a la primera prueba. La verdadera paz es estar unidos a Dios en medio de los combates. Cristo nos invita a una lucha. Pero no es el combate de la violencia, ni de las armas, ni la venganza, ni la revancha. Es el combate de vivir la misericordia, de ser generosos, de vivir la caridad, de aprender a perdonar, de devolver al mal, el bien. Esa es la lucha de la vida cristiana.

“Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”. El fuego que quiere encender en nosotros es el fuego de su Evangelio, que nos lleva a querer transformar el mundo. Como decían los discípulos de Emaús: ¿no ardía nuestro corazón cuando nos explicaba las Escrituras por el camino? Que arda el amor dentro de nosotros, para que seamos signo de contradicción, para que hagamos presente a Cristo.

 Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por haberme acompañado en este momento de oración. Ayúdame para que renovado después de este encuentro contigo, pueda seguir adelante en mi vida cristiana con valentía y con la esperanza de saber que cuento con tu auxilio y tu gracia. Que nunca se apague el fuego que has prendido en mí, para que yo siga iluminando al mundo con el fulgor de tu luz.

Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pide la intercesión de María rezando esta oración:

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo 
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración 
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permaneces siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

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