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Evangelio del día: “No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones”

Oración del viernes

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Con inmenso gozo porque todavía celebramos tu nacimiento, te pido Señor me acompañes en este momento de oración y me ilumines con la luz de tu Espíritu para que sepa acogerte siempre en mi corazón.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Con humildad, Señor mío, te quiero pedir perdón porque sé que tantas veces me aparto de tus caminos y me alejo de tu presencia. Sé, también, que tu misericordia es infinita, y por eso espero confiado en tu amor y en tu inmensa misericordia.

Lectura Bíblica: “No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones” Lc 2,36-40

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Lectura espiritual breve

Lee lo que nos comparte el Padre Christian Vinces:

La Sagrada Familia sube a Jerusalén para presentar a su Hijo en el Templo y cumplir así la prescripción de la Ley de Israel. Este pasaje muestra a Jesús como “el Primogénito que pertenece al Señor” (CEC, 529). En el Templo salen a su encuentro Simeón y Ana. Ambos representan al resto de Israel que esperaba con ansias al Reconciliador del mundo. Se presenta a Simeón como un varón justo y temeroso de Dios, en quien moraba el Espíritu Santo. Y este hombre movido por el Espíritu toma al Niño en brazos y ve en Él cumplidas las promesas de Dios, lo reconoce como la Luz de todas las naciones y bendice al Señor.

Como Simeón, nosotros nos hemos preparado en el Adviento para el Nacimiento del Salvador cultivando en nuestro corazón el deseo de su venida. Y ahora, que ya celebramos su Nacimiento, el Señor nos invita a cultivar también como Simeón una actitud de salir al encuentro de este Niño y dejarlo entrar en nuestra vida; nos invita a tener una mirada aguda para reconocer su presencia entre nosotros, y una voz valiente para proclamarlo en medio del mundo como Aquel que es la Luz que ilumina a todos los hombres.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Te consideras una persona paciente? ¿Sabes esperar cuando los momentos son difíciles?

2.- ¿Cómo está tu confianza en Dios? ¿Así como Ana, tienes esa confianza en que Dios no nos defrauda?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor, por tu venida y por tu presencia en mi vida. Ayúdame a crecer en presencia de Dios, y que al mismo tiempo pueda dar a quienes me rodean testimonio de tu venida reconciliadora.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

D: Que con el auxilio de tan dulce intercesora,

T: seamos siempre fieles en el terreno caminar. Amén 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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