Trigo y la Cizaña

Evangelio del día: “La buena semilla son los que pertenecen al Reino”

Oración del Martes

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido me acompañes particularmente en este momento de oración. Dame, sobre todo, la luz de tu Espíritu para aprender a discernir tu Voluntad. Que aprenda, Señor, a cumplir en todo momento la voluntad del Padre que está en los cielos.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día

Tú lo sabes todo, Señor, y sabes que muchas veces me alejo de tu Plan de Amor. Sé, sin embargo, que Tú constantemente me invitas a acercarme de nuevo a tu amor, a tu presencia. Ayúdame, Señor mío, a vivir siempre Contigo y a cumplir aquello que me propones para mi felicidad y santidad.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: “La buena semilla son los que pertenecen al Reino” Mt 13,36-43

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”. El les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!

Lectura Espiritual breve

Lee este breve texto del que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

El trigo y la cizaña, el bien y el mal son dos realidades que están presentes en el mundo. Sin embargo, no son dos fuerzas iguales. El bien es todo aquello que brota de Dios y de su amor. El mal es el vacío, la ausencia de Dios, es la negación del amor. Sin embargo, el vacío nunca va a ser más fuerte que la presencia. Porque por más oscuridad que pueda haber, basta una pequeña chispa de luz, para que esta empiece a iluminar.

Dios ha permitido que puedan coexistir el bien y el mal en cada uno de nosotros, y también en el mundo. Y Dios lo permite porque nos creado libres. Podemos elegir a Dios, que es el bien, o negarlo, que es el vacío, por tanto, el mal. Es por eso que, en esta parábola, Jesús explica que ha permitido que se den las dos realidades, pero al final de los tiempos, Dios separará a los buenos de los malos, a los que escogieron el bien, de los que prefirieron el vacío, la negación de vivir el amor.

Estos últimos irán al horno del fuego, donde será el llanto y rechinar de dientes. Esta parábola nos recuerda que el infierno es real, el infierno sí existe, no es simplemente un cuento para asustarnos. Y existe porque Dios nos toma en serio. Porque sería una burla si alguien en esta vida hubiera optado por decirle siempre que no a Dios y que el último día, Dios lo obligue a vivir a su lado para siempre. Dios respeta profundamente nuestra libertad, también cuando le decimos “no quiero nada contigo”. Optemos siempre por el bien, por Cristo, Él es la luz, la verdad y la vida.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Cómo es la realidad en mi interior del trigo y la cizaña, gana el bien?
2.- ¿Dejo que el Señor Jesús ilumine mi vida?
3.- ¿Realmente me tomo en serio el camino de Dios y sus enseñanzas?
4.- ¿Qué aspectos de mi interior debo pedirle a Dios que me ayude a cambiar?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor por este momento de oración y de encuentro Contigo. Ayúdame a cumplir siempre tu Plan, a ser de aquellos que pertenecen a tu Reino. Ayúdame a tenerte siempre presente en mis pensamientos, en mi corazón y en mis acciones. Dame, Señor, la fuerza de tu gracia para que pueda caminar siempre por los caminos de tu Reino y nunca caiga en el mal camino del Maligno.
Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María.

Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.

Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.

¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente. Amén

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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