Man in the image of Christ reaching out his hand

Evangelio del día: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará”

Oración del lunes 

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Buen Jesús, gracias por esta semana que comienza. Gracias por el don de la fe y por permitirme estar en tu presencia. Te pido, Señor, que me ayudes a hacer silencio para poder escuchar tu Palabra de Vida, llevarla a mi corazón y anunciarla con alegría a mis hermanos.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor Jesús, a Ti que te hiciste hombre no para juzgarnos sino para reconciliarnos, te pido perdón por todos mis pecados y omisiones. Yo sé que soy débil y pecador, pero sé también que para quién confía en Ti todo le es posible. Por eso, Señor, pongo en Ti toda mi confianza y te ruego que me ayudes a luchar con fortaleza y radicalidad contra la tentación y contra todo mal. Gracias Señor.

Lectura Bíblica: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” Mt 10,34-42.11,1

No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa”. Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

Lectura Espiritual breve

Lee esta breve reflexión que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Esta lectura del Evangelio puede sonar un poco dura, incluso contradictoria con las verdades que Jesús nos ha enseñado siempre. En el Antiguo Testamento se llamaba al Mesías “el príncipe de la paz”. Cuando Jesús nace, el coro de los ángeles dice: “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Jesús envía a sus apóstoles diciéndoles que a la casa que lleguen se dirijan a ellos con el saludo de la paz. Y al dejar este mundo les dice: “mi paz les dejo, mi paz les doy”. Incluso en las bienaventuranzas nos dice: “dichosos los que trabajan por la paz”. ¿Cómo así entonces nos dice hoy que no ha venido a traer paz sino espada, a enfrentar al padre con el hijo, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra?

La respuesta la da Jesús en otro pasaje: “Mi paz les dejo, mi paz les doy. Pero no la doy como el mundo la da” (Jn 14, 27). Es una paz distinta. Es una paz que se logra por el combate. Porque este es tiempo de lucha, de ir en contra de la corriente.

Algunas veces pensamos que nuestra lucha por la santidad va a poder librarse mejor cuando ya no tengamos determinados obstáculos, cuando termine tal dificultad que atravesamos. Y vivimos esperando que llegue el momento ideal donde ahí sí podremos avanzar bien en lo que Dios nos pide. Y nos la pasamos esperando la llegada de tiempos mejores. Y así vamos postergando las cosas importantes de nuestra vida cristiana esperando que llegue el momento soñado, ideal, porque ahí sí todo va a poder ser distinto. Porque en el combate es donde se prueba el amor verdadero. Por lo tanto, la paz verdadera no consiste en no tener problemas, porque esa paz no existe. Sino consiste en estar unidos a Dios y que Sus luchas, sean también las mías.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

Acción de gracias y peticiones personales

Señor Jesús, te agradezco porque tus palabras iluminan mi vida con la Verdad. Quiero seguirte con fidelidad. Sé que el camino muchas veces es exigente y que tendré que esforzarme y cambiar muchas cosas que en mi vida no están bien. Pero sé también que Tú siempre estás conmigo, que voy siguiendo tus pasos sostenido y alentado por tu amor. Te doy mi vida, Señor, y sé que Tú me darás la vida eterna.

Amén

Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María.

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón, 
en una palabra, todo mi ser, 
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. 

Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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