Dinero

Evangelio del día: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”

Oración del lunes

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, Amigo Fiel, gracias por este nuevo día de vida. Gracias también por este momento de encuentro contigo en el que me das la ocasión de alimentarme con tu Palabra de Verdad.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, soy consciente de que muchas veces escojo mal mis caminos y opto por alejarme de Ti. Te pido perdón de todo corazón. Sé que Tú eres Bueno y Misericordioso y, lejos de asustarte con mis heridas y rupturas, me curarás con tu amor y me llevarás a la casa del Padre.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día:“Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas” Lc 12,13-21

Uno de la multitud le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”. Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”. Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’. Después pensó: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.

Lectura espiritual breve

Lee estas breves palabras que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio.

Hoy el Señor nos va a hablar sobre el vicio de la codicia, que consiste en el amor desordenado a los bienes que muchas veces podemos albergar en nuestro corazón. Es el deseo de poner nuestra seguridad en las cosas que tenemos, de buscar satisfacción no tanto en el uso de los bienes que poseemos, sino sobre todo en su posesión, es decir, estar felices por el simple hecho de tener. Y hay que tener cuidado, porque aficionarse a estas cosas, empequeñece nuestro corazón y hace más difícil que podamos desear a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Porque el amor a lo material nos divide interiormente.

El remedio es la comunicación de nuestros bienes. Ser libres para compartirlos, siempre. Porque acordémonos lo que decía el Papa Benedicto: que los bienes que realmente poseemos, no son aquellos que guardamos para nosotros, sino aquellos que compartimos. Sólo así acumulamos esos tesoros inagotables en el cielo.

Compartamos nuestros bienes, es nuestra mejor inversión. Porque el día que Dios nos llame a su presencia, nadie se va a poder llevar las cosas que tiene. En la otra vida, la única moneda que tiene valor, es la moneda de la caridad, de nuestras obras de amor. Hagamos buen uso de nuestros bienes materiales, vivamos la libertad y generosidad, porque la moneda de la caridad es la única moneda que salva, que tiene valor eterno.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Comparto los bienes que me da el Señor?

2.- ¿Cómo esta mi corazón, amor al Señor o a los bienes?

3.- ¿Soy una persona caritativa?

4.- ¿Trabajo mi interior para darle el espacio que merece el Señor?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor porque me has concedido este momento de oración, de encuentro contigo. Cuídame Amigo de toda avaricia. Que yo jamás ponga mi corazón en las cosas terrenas, sino que busque siempre las eternas. Ayúdame a vivir la caridad y la misericordia con el necesitado, así como Tú la vives día a día conmigo. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti
y en prueba de mi afecto,
con amor filial te consagro en este día
todo lo que soy,
todo lo que tengo.Guarda y protege,
y también defiende a este hijo tuyo,
que así sea. Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

 

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