16.07.2016 Lodz 
Day Start on Magis 2016 
Holy Mass
N/z Rosary 
Fot Jakub Nicieja / Magis

¿Es necesaria la oración?

Ante la pregunta fundamental acerca de la necesidad de la oración, un escritor contemporáneo nos da unas pistas para reflexionar:

“Así como no se puede vivir sin respirar, no se puede ser cristiano, a larga, sin rezar. Pero, ¿es realmente la oración tan necesaria como aquí se afirma? ¿No es la oración más bien ocupación de personas apocadas o quizá débiles, que no están debidamente asentadas en la vida? ¿No es verdad que ciertos casos conocidos nos indican que el mundo de las personas de oración tiene algo de antinatural y mohoso, que choca con el sentido vital de una persona de acción?

Después expondremos la parte de verdad que encierran estas objeciones. Ahora sólo queremos abordar la cuestión fundamental sobre la necesidad de la oración para toda auténtica vida cristiana. Podría también plantear la cuestión más radicalmente y preguntarnos si la oración no es también necesaria para una vida sana. En este punto encontramos opiniones dignas de tenerse en cuenta, según las cuales el hombre corre un grave peligro si en su vida no existe la oración o, por lo menos, algo parecido a ella.

Son precisamente los médico quienes advierten que el hombre que vive exclusivamente volcado al exterior, que es arrastrado de una impresión a otra, que habla, se afana, trabaja y lucha, moviéndose solamente en el ámbito de la exterioridad, acaba consumiéndose y atrofiándose espiritualmente.

Para evitar esto, debe la vida tener también una orientación hacia la interioridad, renovándose desde la raíz de su intimidad, para reunir fuerzas e incrementar su potencial interior. Estos mismos médicos afirman que el hombre moderno se distancia cada vez más del centro de su persona, que es el soporte desde el que se estructura su personalidad y se orienta su vida. Afirman también que este hombre, en el torbellino de las exigencias de la vida pública y en el barullo de los quehaceres externos, llega a perder su seguridad interior y, tras su aparente seguridad y autosuficiencia exterior, es presa de una angustia cada vez más amenazadora.

De ahí la necesidad que tiene el hombre moderno de buscar su centro personal, el soporte al que pueda asirse y el punto de gravedad de su espíritu, desde el que pueda salir al mundo y al que pueda, una y otra vez, retornar”.

Romano Guardini, Introducción a la vida de oración, pp. 32-33.

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