Resignacion

¿Es el cristianismo “resignación”?

Kenneth Pierce

“Resígnate a la voluntad de Dios”. Es esta una frase que quizás hemos escuchado alguna vez. La hemos oído, con toda probabilidad, ante una circunstancia adversa, o en un momento de particular sufrimiento. Hay mucha buena intención en la frase, e incluso un sincero deseo de asumir las tribulaciones desde la óptica de Dios.

La palabra resignación, sin embargo, tiene un matiz pasivo que no siempre señala la manera más indicada de afrontar una dificultad. Con frecuencia sucede que al cristiano se le tilda como “resignado”, y hay en ese apelativo una crítica velada. El cristiano sería una suerte de acomodado, renegado de su libertad y de su inteligencia.

Resignación implica conformidad o tolerancia, y si bien esto puede ser en ocasiones necesario, hay muchas circunstancias que demandan del cristiano todo lo opuesto. Por ejemplo no me puedo resignar frente al mal, ni puedo estar conforme con la injusticia.

Dios ciertamente no quiere ni el pecado ni la injusticia. A veces se entiende la “voluntad” de Dios como si El quisiese o no las cosas según caprichos indescifrables para nosotros, lo cual lleva a grandes errores. Nada más lejano a Dios, cuyo plan obedece siempre a la lógica del amor y de la verdad.

Por otro lado, todos sabemos que hay circunstancias que escapan absolutamente de nuestro control. Existen situaciones muy difíciles, de gran sufrimiento, donde parecería que poco podemos hacer. Podemos tolerar esas situaciones, y podemos hacer gran bien con eso. Pero podemos también aspirar más alto y a una mayor virtud, pues incluso en esas situaciones podemos ir más allá y vivir el horizonte de la “hypomone”, la tenacidad nutrida de esperanza a la que nos invita el Apóstol San Pedro.

Esta esperanza no se resigna ni se vuelve complaciente con el mal. Asume el dolor y el sufrimiento desde la óptica de Dios, cuyo Plan es siempre un plan de amor y de verdad, y mantiene al cristiano firme y fuerte en la prueba. Como cristianos debemos abrirnos a la gracia de Dios y vivir en esperanza tenaz. Es una opción positiva, activa, que no se refugia del dolor ni le teme a la dificultad. En medio de la prueba pondremos la mirada fija en la cruz del Señor, que es paso hacia el horizonte último de la Resurrección, que da sentido a toda tribulación. Por eso nos recordó el mismo Señor Jesús: «Con vuestra perseverancia (hypomone) salvaréis vuestras almas».

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