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El discernimiento: ¿cómo conocer el Plan de Dios?

Por Kenneth Pierce

Una pregunta que nos surge con frecuencia es cómo hacemos para saber cuál es el Plan de Dios. Es decir, cómo sabemos cuál es el camino preciso por el cual debemos avanzar para acoger la gracia de Dios y acercarnos cada vez más a El. Frente a este cuestionamiento, y para ayudarnos a conocer lo que nos lleva por el camino de la santidad, surge un tema que es vital comprender y vivir mejor: el discernimiento de espíritus.

El discernimiento de espíritus es un término técnico con el que muchos autores espirituales se refieren al arte de distinguir, por así decirlo, las buenas inspiraciones que se nos ocurren de aquellas malas. Se trata, en términos generales, de aprender a ver qué “espíritu” es el que nos suscita aquellas ideas relacionadas a nuestro caminar en la vida cristiana. Distinguir si es un “espíritu” bueno o malo es un paso fundamental a la hora de tomar decisiones que nos lleven por un camino u otro.

Al empezar a tratar este tema queremos señalar dos criterios básicos

En primer lugar es importante entender que este discernimiento no trata de aquellas decisiones sobre asuntos triviales o de poca trascendencia, sino de aquellas relacionadas a la orientación general de la vida y las que nos ayudan a vivir cristianamente lo cotidiano.

En segundo lugar, como señalan los maestros espirituales, este discernimiento se aplica, sobre todo, a aquellas ideas que se nos ocurren y que parecen inclinarnos al bien. Esto, que a primera vista puede sorprender, es en realidad evidente: no es necesario “discernir” lo que claramente nos lleva al mal o implica medios que no respetan la moral. Frente a esas situaciones lo que se necesita es, más bien, una fuerte voluntad y un recto ejercicio de nuestra libertad.

En la vida cristiana son muchas las ocasiones en que se nos ocurren ideas o medios que en un primer momento nos parecen buenas. Estas son precisamente las que ameritan un momento de pausa, una buena disposición del corazón y una renuncia a egoísmos y apegos interesados. No todo lo que en un primer momento parece bueno lo es al final. Como sabemos, la tentación o los caminos errados muchas veces aparecen “disfrazados” de bien.

Seguiremos profundizando sobre este tema en las siguientes semanas.

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