rosario

Breve historia del Rosario

La referencia más antigua que tenemos sobre una oración semejante al rosario se remonta al s. X. Lo monjes de la Orden Cluniacense, mientras realizaban trabajos manuales, comenzaron a rezar 150 Padrenuestros al día. Esta costumbre se fue difundiendo entre otras comunidades, y también entre sacerdotes y laicos. Unos siglos después, s. XII, en el seno de la Orden Cistirciense y por influencia de San Bernardo de Claraval -muy devoto de María- se fueron reemplazando algunos Padrenuestros por la Salutación del Ángel: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”. A estas frases, tomadas del evangelio de Lucas (1,28), se añadió posteriormente parte del saludo de Isabel a María: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” (Lc 1,42). Esta forma de recitar el salterio se fue consolidando y para finales del s. XIII se encuentra extendida la costumbre de recitar 150 salutaciones a María en vez de los 150 Padrenuestros. Este acto de piedad recibió el nombre de “Salterio de María”. En esta época, también, se empieza a difundir el uso de “contadores” para contabilizar las salutaciones.

El siguiente hito importante lo encontramos en el s. XIV. Por una lado, las órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos, carmelitas, agustinos) difunden ampliamente el rezo del Salterio de María entre los laicos que escuchaban su predicación. Por otro lado, hacia finales de este siglo, nace una corriente espiritual llamada Devotio moderna que impulsa una forma de espiritualidad para los laicos. Dentro de los métodos sencillos de oración que proponen tiene gran acogida el Salterio de María por ser una oración sencilla, que se podía hacer en cualquier lugar y en cualquier momento. 

A inicios del s. XV se añade la segunda parte de la oración que conocemos como Avemaría: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. Durante este siglo, la difusión del rezo del Salterio de María es aún mayor. Se crean, por ejemplo en Francia y Alemania, Cofradías con el objetivo de difundir esta oración a María e incrementar la piedad a la Madre de Dios entre los fieles. En este impulso tuvo un gran papel la Orden de los Dominicos quienes, a través de sus conventos, difundieron las Cofradías del Rosario por toda Europa. De hecho, fue el dominico Alberto de Castello escribió un libro titulado “El rosario de la gloriosa Virgen María”. Parece haber sido el primero en usar el término “rosario” para identificar esta oración.

Llegamos así al s. XVI. Fue san Pío V quien estableció el modo de rezar el rosario en tres grupos de cinco misterios: gozosos, dolorosos y gloriosos. En 1569 aprobó oficialmente su uso. Ante la amenaza de invasión de Europa por parte de los turcos, el Papa san Pío V pidió a todo el pueblo cristiano que rezaran fervientemente el rosario para que la armada cristiana prevaleciese sobre la flota musulmana, muy superior en número. La victoria en este combate naval, conocido como la batalla de Lepanto, fue trascendental para el futuro de Europa. Pío V, instituyó la fiesta de la Virgen del Rosario el primer domingo de octubre como memoria agradecida a la Virgen por la victoria. Posteriormente la fiesta pasó al 7 de octubre.

Esta es la forma que todos conocemos de rezar esta preciosa oración a Santa María. El Papa san Juan Pablo II añadió, en el año 2002, un cuarto grupo de misterios: los misterios luminosos. En su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae nos dejó un precioso texto para meditar y profundizar en las bondades de esta oración mariana que es un camino para acercarnos más a Jesús, de la mano de su Madre. 

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