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Amar a la Iglesia y acoger sus enseñanzas

Por Kenneth Pierce

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Una manera muy concreta de vivir la piedad es crecer en nuestro amor a la Iglesia y acoger sus enseñanzas. Hoy, cuando muchas de estas enseñanzas son signo de contradicción en el mundo, mayor es la necesidad de interiorizarlas y acogerlas.

La Iglesia no es dueña de las enseñanzas de la fe. Las recibió del Señor y, contando con el auxilio del Espíritu Santo, debe custodiarlas para seguir iluminando con la luz de Cristo a los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares.

Estos días que estamos viviendo son ocasión muy privilegiada para crecer en amor a la Iglesia. Hoy se inicia el Cónclave en el cual los cardenales elegirán a un nuevo Sucesor de San Pedro. Caer en vanas especulaciones, como lo viene haciendo buena parte de la prensa del mundo, significa perder de vista lo esencial.

Dios sigue presente en la Iglesia Católica, y lo que la Iglesia necesita no es “cambiar” sus enseñanzas fundamentales, sino que los mismos católicos seamos cada vez más fieles y coherentes con esas enseñanzas.

La fe la hemos recibido de alguien, como un don que debemos atesorar. No la podemos acomodar a nuestro gusto, ni eliminar lo que nos incomoda porque no lo comprendemos (y que muchas veces, ni siquiera nos hemos tomado la molestia de intentar entender).

Amar a la Iglesia, acoger con reverencia sus enseñanzas, es paso indispensable para poder transmitir con fidelidad el inmenso tesoro que hemos recibido. En estos días nuestro amor por la Iglesia se debe manifestar en oración por ella, y en particular por los Cardenales reunidos, para que se abran a la presencia del Espíritu Santo y escuchen la voz del Señor.

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