Oración del martes: “El que hace la voluntad de mi Padre ese es mi hermano”

Oración del martes

“El que hace la voluntad de mi Padre ese es mi hermano”

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido me acompañes particularmente en este momento de oración. Dame, sobre todo, la luz de tu Espíritu para aprender a discernir tu voluntad. Que aprenda, Señor, a ser de tu “familia”, cumpliendo en todo momento la voluntad del Padre que está en los cielos.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Tú lo sabes todo, Señor, y sabes que muchas veces me alejo de tu Plan de Amor. Me alejo de tu familiaridad, de tu cercanía, viviendo en una tierra extraña. Sé, sin embargo, que Tú constantemente me invitar a acercarme de nuevo a tu amor, a tu presencia. Ayúdame, Señor mío, a vivir siempre contigo y a cumplir aquello que me propones para mi felicidad y santidad.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día“El que hace la voluntad de mi Padre ese es mi hermano” (San Mateo 12,46-50)

Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. 
Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte”. 
Jesús le respondió: “¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos?”. 
Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: “Estos son mi madre y mis hermanos. 
Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Lectura Espiritual breve

(Lee este texto del Beato Juan Pablo II que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio).

Se trata de un episodio que, a primera vista, puede desconcertar. Por una parte, se nota el afecto de María y de los parientes hacia Jesús, los cuales le quieren, le siguen, viven en ansias por El, a veces incluso quedan perplejos ante sus discursos y su conducta; por otra parte, se ve la adhesión de las turbas a Jesús, anhelantes de escuchar con atención su palabra. Y Jesús, cuando le anuncian que su Madre y sus parientes desean verle, echando una mirada sobre la muchedumbre, dice: “¿Quién es mi madre y mis hermanos? Quien hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3, 31-35).

Jesús con palabra serena parece apartarse de los afectos humanos y terrenos, para afirmar un tipo de parentesco espiritual y sobrenatural que deriva del cumplimiento de la voluntad de Dios. Ciertamente, Jesús con esa frase no quería eliminar el propio amor a su Madre y a sus parientes, ni mucho menos negar el valor de los afectos familiares. Más aún, precisamente el mensaje cristiano subraya continuamente la grandeza y la necesidad de los vínculos familiares. Jesús quería, en cierto modo, anticipar o explicar la doctrina fundamental de la vid y los sarmientos, esto es, de la misma vida divina que pasa entre Cristo Redentor y el hombre redimido por su “gracia”. Al cumplir la voluntad de Dios, somos elevados a la dignidad suprema de la intimidad con El.  (…) Se trata de descubrir cuál es en efecto la voluntad del Altísimo. En general, se puede decir que ante todo hacer la voluntad de Dios significa acoger el mensaje de luz y de salvación anunciado por Cristo, Redentor del hombre.

Breve meditación personal

– Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Él?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor por este momento de oración y de encuentro contigo. Ayúdame a cumplir siempre tu Plan, a ser de aquellos “familiares” tuyos, a tenerte siempre presente en mis pensamientos, en mi corazón y en mis acciones. Dame, Señor, la fuerza de tu gracia para que así sea, para que me ilumines siempre en mi actuar cotidiano.

Amén.

– (Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones).

– Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...

Consagración a María

–  Termina esta oración rezándole a María.

Madre del Amor Misericordioso,
bien sabes que tu Hijo,
desde lo alto de la Cruz,
señaló el camino de la piadosa filiación
como aquel que deberíamos recorrer.
Te imploro me obtengas la gracia
de acercarme a tu Inmaculado Corazón,
desde mi propio corazón,
para aprender a amarte
y a honrarte
con el amor
que el Señor Jesús te tiene.
Cuida que este hijo tuyo
ingrese así
en el proceso de amorización
y vea algún día cumplida
la gran esperanza
de verse conformado
con el Salvador.
Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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