Oración del miércoles: “Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo Único para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna”

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, quiero, al comenzar mi oración, ponerme ante Ti con un corazón lleno de fe, esperanza y caridad. Tanto me has amado que has entregado a tu Hijo Único, Jesucristo, para que tenga vida eterna. Que aprenda yo de Él a amar sin reservas, tanto a Ti como a los demás.

Acto penitencial

– (Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor Jesús, quiero reconocer al comenzar mi oración que necesito de tu perdón, que necesito de tu misericordia. Dame, Señor, tu gracia para que pueda tener un corazón dócil a tu amor; un corazón como el tuyo para caminar con alegría y esperanza por las sendas de tu plan.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día: «Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo Único para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16-21)

«Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo Único para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
 Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 
Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.
 Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
 Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas.
 Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios».

Lectura espiritual breve

Meditemos las palabras del Padre Juan José Paniagua:

Vemos en algunas de nuestras ciudades que a veces las calles no están bien cuidadas. Tienen huecos y baches. Si no estuvieran iluminadas de noche o si anduviésemos con las luces apagadas de nuestro auto, probablemente podríamos pensar que las calles están bien, pero al encender las luces, no sólo se nos ilumina el camino, sino que además se nos descubren con mayor claridad los huecos, baches y obstáculos. Algo parecido pasa con Jesucristo. Cuando Él viene a nuestra vida a iluminarla, a llenarla de vida, con su luz también se evidencian nuestros pecados, inconsistencias, debilidades y caídas. Por eso pareciera que cuanto más nos acercamos a Jesús, más pecadores nos sentimos. Sin embargo en el Evangelio de hoy Jesús nos quiere recordar algo muy importante, para que tengamos la mirada bien puesta: “Yo no he venido a condenar, sino a salvar”. Ése es el mensaje pascual. “Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. Ésa es nuestra gran esperanza. Si bien muchas veces nuestros pecados nos duelen y puede haber momentos en los que les damos un peso muy grande, hoy Jesús nos dice: si tú quieres, yo quiero salvarte. Quiero liberarte de ese encierro en el cual tú mismo te metes a veces. He venido a hacerte libre para que también seas luz. Confiemos en el Señor: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que tengamos vida eterna”. Es un amor gratuito el que Dios nos da. Su amor no tiene condiciones, simplemente espera ser recibido. A veces vemos a Dios de una manera muy humana. Nosotros amamos sólo a los que nos aman o nos caen bien. Pero Dios entrega su amor de manera gratuita, sin espera de méritos, ni condiciones.

Breve meditación personal

– (Haz silencio en tu interior y pregúntate:)

1.- ¿Te desalientas por tus caídas, al ver todo lo que te falta avanzar? 

2.- ¿Te acercas a Dios con temor o lo ves como el Señor amoroso que te quiere perdonar siempre?

 

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Padre Bueno, porque no has dejado que me pierda: me has amado tanto que hasta has enviado al mundo a Jesús, tu Hijo, para que pueda alcanzar la felicidad. Que aprenda yo de Él a santificarme abrazando el madero con valentía, amor y docilidad.

Amén

– (Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

– Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

– Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,

¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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