La gran responsabilidad de la caridad

Por Kenneth Pierce

 

La última virtud que señala San Pedro en su escalera espiritual es la caridad, que en griego se dice “agape”. ¿Qué significaba esta palabra para Pedro?

En el Antiguo Testamento esta palabra se utiliza para destacar  el amor de predilección de Dios por el ser humano, particularmente por Israel, así como la relación de fidelidad entre Dios y el hombre y el amor por el prójimo fundado en el amor a Dios.

Los cristianos la utilizaron para señalar la actitud que Dios tiene hacia nosotros y que nos pide tener hacia El. En este sentido, “agape” era definida como un deseo deliberado del mayor bien para la persona que se ama, que se puede manifestar, por ejemplo, en el sacrificarse por el bien de otra persona.

Esta virtud nos lleva, por tanto, a un amor que es sacrificio por los demás, optando libremente por buscar el bien del otro, en un compromiso por salir al encuentro de los que nos rodean y manifestar el amor de Dios por ellos a través de nuestras acciones.

Para Pedro, entonces, el culmen de su escalera espiritual estaba relacionado con la experiencia de entrega y donación nutrida de un amor a Dios.  No es una simple ayuda social, sino compromiso con el prójimo que se origina en el amor de Dios, y que es en última instancia manifestación de ese amor.

¿Puede haber algo mejor que ayudar a que otra persona experimente el amor que Dios tiene por él? Esa es, ciertamente, una de las dimensiones de la “agapé”.

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