Oración del miércoles: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

Oración del miércoles

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Señor Jesús, te doy gracias por tener este momento de oración. Te pido que me ayudes a hacer silencio para que, abriendo cada vez más mi mente y mi corazón, pueda escuchar cada vez más tu Palabra, y así pueda conocerte más y comprender también el Plan que tienes para mí.

Acto penitencial

– Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, sé que soy un pecador. Tantas veces te he fallado… pero tu Misericordia es infinita. No te cansas nunca de perdonarme, una y otra vez. Y yo sigo siendo frágil y pecador. Te pido perdón Señor con todo mi corazón por mis faltas y pecados, y te prometo esforzarme con todas mis fuerzas para cooperar con tu gracia, y así no pecar más contra Ti. Gracias Señor por ser tan bueno conmigo.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día:«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Marcos 16,15-20)

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» 
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Lectura Espiritual breve

– Lee este texto del Papa Benedicto XVI que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio.

De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación». También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios. (Benedicto XVI, 21 de agosto de 2011)

Breve meditación personal

– Haz silencio en tu interior y pregúntate: ¿Qué me dice el evangelio que he leído? ¿Cómo ilumina mi vida? ¿Cómo es Jesús…? ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Él? y ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús por esta oración. Ayúdame a escucharte siempre, no sólo en los momentos de oración, sino también a lo largo de mi día. Has Señor que yo sea un testigo digno tuyo y vaya por el mundo proclamando tu resurrección. Que no tenga miedo de anunciarte, y que, acercándome cada vez más a Ti, haga que seas Tú quien viva en mí.
Amén.

– Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.
-*Esta semana, siguiendo el llamado que hizo el Papa, reza especialmente por las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada. 

– Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...

Consagración a María

–  Termina esta oración rezándole a María.

Santa María,
ayúdame a esforzarme
según el máximo de mi capacidad
y el máximo de mis posibilidades
para así responder al Plan de Dios
en todas las circunstancias
concretas de mi vida.
Amén.

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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